miércoles, 15 de diciembre de 2010

Duelo y dolor

Si algo he aprendido de mis experiencias de duelo, sobre todo lo que estoy aprendiendo de esta última, es que duelo y dolor no han de ir necesariamente unidos de la mano. El proceso de duelo no es más que una dinámica de separación de algo con lo que antes contabas y ya no que no tiene por qué ser más costosa y dolorosa que el proceso de unirse a algo y contar con ello _un proceso que sin darnos cuenta también implica renuncias y nuevos delos_. Cuando aprendemos a pertenecer a un amo, entramos voluntariamente en un proceso de adaptación y de cambio hacia algo, en pos de algo. Cuando nos separamos de algo el proceso es un poco más difícil porque no existe un objetivo que perseguir, no fijamos nuestra mirada en un tótem al que dirigirnos, sino que nuestro objetivo se basa en algo que no queremos o que ya no existe. Las direcciones son múltiples e inciertas y cada vez que miramos atrás para saber si nos hemos alejado lo suficiente nos ligamos de nuevo a ello. Es necesario inventar un nuevo vínculo, establecer un nuevo objetivo, una linea de meta distinta a la que dejamos atrás.
A menudo olvido los beneficios terapéuticos que tiene el hecho de ser esclava de una misma por un día, adorarse a sí misma por un día, no para satisfacer a otro sino por el gusto de valorarte como algo valioso y único, algo que merece atención y tiempo. Si no lo haces tú misma ¿Qué esperas que haga otro?.
Después de dos días de come come pun pun he decidido dedicar a mi cuerpo serrano tres horas, tres horas nada menos: un peeling corporal, una limpieza de cutis, manicura, tratamiento de cuero cabelludo, corte de pelo y peinado. Esa dedicación ha puesto en marcha una espiral de sucesos que han ido haciendo que me sintiera cada vez mejor. Una no puede tener una piel tan tersa y no estar depilada... me he depilado. Qué desperdicio de peinado sin un conjunto bonito... me he vestido bien, me he maquillado. Acto seguido he sentido la necesidad de hacer un regalo y le he comprado algo a mi madre con una bonita dedicatoria. Y luego he dado un paseo porque yo lo valgo, porque me sentía bien. Había escogido hasta con más cuidado la ropa interior...
Quienes me conocen saben que tiendo al descuido y al desaliño, fruto del olvido que suelo ejercer sobre mi persona. Rara vez recuerdo que soy la persona más importante de mi vida. Y hoy el duelo lo llevo de otro modo, muy distinto al de ayer. Hoy no me importaría mucho que la sumisa que aún sigue con mi amo me cuente sin venir a cuento lo felices y dichosos que son juntos y lo bien que están (no creo que lo haga más porque he amenazado con volver) :)
Ayer me costó mantener la fuerza suficiente como para mantenerme en pie y firme. Tomar la decisión de dejar un amo al que adoras no es sencilla. Hoy todo pinta de otra manera. Tres horas cambian un mundo. Un minuto cambia el mundo.
Realmente hoy no me duele la felicidad del otro aunque al tiempo me alegre. Hoy no estoy dividida. Hoy realmente me doy cuenta de que mi felicidad poco o nada tiene que ver con la felicidad de otros. Soy una persona independiente de aquellas de las que me he desligado, con más o menos voluntariedad.
Soy una mujer muy cotizada y si quiero ser valorada en mi justa medida no me queda más remedio que reparar en mi propio valor como mujer, como amante, como sumisa, como persona porque... a fin de cuentas, no podemos exigir de otros una valoración personal que vaya más allá que la valoración que hacemos sobre nosotros mismos.
Es muy posible que mi decisión fuera equivocada. O puede que no haya una sola respuesta válida ante las cuestiones que nos hacemos. Contemplo con paz un pasado que está ahí, en ese lugar desde hace poco y me doy cuenta de que el impulso de alejarse de algo que amas siempre tiene un sentido y que ese impulso no puede llevarte sino hacia adelante.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Un poquito de paz

Anoche me tumbé vestida en el sofá antes de salir un rato... y me he despertado a las siete y pico de la mañana. Esta vez recordé llevar el móvil porque odio no saber la hora que es si me despierto durante la noche, o tener que encender la luz para ver la hora. Pero no lo llevé por si mi amo me llamaba o me mandaba un mensaje. No había desazón ninguna y por eso me dormí, tranquila, igual que ayer y antes de ayer.
Me siento un poco ridícula por haber decidido creer en lo increíble y burlar las evidencias vez tras vez. Y es que me gusta confiar en alguien y a veces prefiero pensar que mi cerrazón es debida a mi personalidad infame y obtusa. La relación dominante-sumisa es honda y deja huella, siempre. Lamentablemente con el paso del tiempo el recuerdo que ha quedado no ha sido bonito, como esperaba. Esperaba que el tiempo dejara sólo el lado bueno de las cosas, ya que todos los amos que han pasado por mi vida han dejado en ella un aprendizaje y algunas sensaciones muy hermosas y, sobre todo, he aprendido mucho de mí misma. Pero lo cierto es que cada uno de ellos ha dejado cicatrices más o menos hondas: todos ellos tienen algo en común aparte de su faceta de amos: pensar que son mejores que ningún otro y que ningún amo te dará lo que ellos te dan; exigir un grado de entrega que no se corresponde con el tiempo ni la intensidad de la relación; tener una extraña historia con una madre dominante y machacadora y, sobre todo y lo que más me afecta a mí de cara al futuro: todos mienten, todos, sin excepción, han mentido... y se han quedado tan anchos.
Sin embargo hoy habito el duelo con una paz diferente... será porque llevo tres días durmiendo tranquila o porque he salido por ahí y disfrutado del sexo (más o menos primitivo, pero suficiente para cubrir las necesidades básicas de sentirse deseada y desfogar un poco), será porque ya no hay incertidumbre posible, porque ya no ando pendiente del teléfono o el messenger o porque me centro en lo que tengo más que en lo que perdí... o por una _tal vez engañosa_ impresión de que lo perdido es fácilmente recuperable con un poquito de súplica.
Sea como sea estoy súper tranquila. Nada que ver con el pasado diciembre, cuando daba brazadas sin rumbo para mantenerme a flote. Además como mi ex-amo no se dignó responder (lo entiendo) esta vez tampoco recibo patadas en la cara sin esperarlo ni de su parte ni de parte de otra sumisa que, como dije, tiene prohibido hablar conmigo (y que además jamás me daría una patada en la cara y mucho menos en una situación como esta... y mucho menos en una situación como aquella).
Me alegra que mi actitud haya cambiado tanto. Pensaba que lo estaría pasando fatal a estas alturas, sin embargo, no es dolor... es anestesia (anestesia de la general).
Esta vez no idolatro, ni admiro a mi ex-amo. Valoro los buenos momentos, valoro lo que di y lo que recibí pero no lo echo de menos... no demasiado. Supongo que he aprendido que a veces las personas pasan por tu vida y se van más deprisa que otras, pero todos se acaban marchando a no ser que te marches tú. A veces los caminos vuelven a cruzarse y a veces no.
Algo valorable y común a todos ellos es su buena educación, su saber estar y su caballerosidad, su lado noble, su sensibilidad y su humanidad. Y en ese sentido puedo afirmar que he tenido mucha suerte o que he sabido elegir bien. No volvería con ninguno de ellos (dos cíber, dos reales), pero sí es cierto que el lado bueno de lo que me han aportado pesa lo suficiente en la balanza como para no decir "no soy sumisa nunca más"... sería una pena.... el mundo perdería a una gran sumisa. Hoy más que nunca estoy plenamente convencida de esa frase que a menudo pronunciamos con falso orgullo y llenitas de dolor "ellos se lo pierden".
Este cuerpo serrano, esta mente privilegiada, este humor inteligente (negro, ácido pero inteligente), esta necesidad y capacidad de entrega, esta necesidad de amar plenamente, este ardor y deseo constantes, esta energía... todo lo que me forma y me conforma no puede quedar libre mucho tiempo. Y sé que soy una gran sumisa para el amo que sea lo suficientemente coherente, paciente e inteligente. Y no es que los otros no lo fueran... lo son _supongo_ pero no lo fueron para mí. Tal vez para sus otras sumisas.
Ahora no busco. Sé que llegará solo. Estas cosas llegan solas. Ahora me limito a vivir un poquito de paz, curo las heridas, analizo las situaciones, confirmo o desmiento mis teorías, conformo una imagen bien definida de lo que deseo, la dibujo, creo en ella... y llegará. Cuando el alumno está preparado el maestro aparece.
Gracias Lilit por tu escucha, tu paciencia, tu coherencia y tus sabias palabras. Gracias por respetarme cuando sabías que estaba equivocada y gracias por tu apoyo indefinido, tu alegría y tu respeto en todo momento.

Horizontes nuevos... nada lejanos

Mi situación en los últimos días ha sido tan similar en algunos aspectos al año anterior por estas fechas que a veces me parecía que llevaba un año inmersa en un mal sueño, que todo volvía a ser lo mismo... eso también me ha dado la oportunidad de aprender algo de mi pasado y hacer real el "nunca más" después de que acabara la espinosa situación con "los innombrables" (que luego se me ofenden, aunque para mí que ya nacieron ofendidos, pobres)
Dije que NUNCA MÁS aceptaría un amo (o me dejaría aceptar por un amo, los discursos dialécticos los dejo para los pejigueras del chat, a fin de cuentas cada cual me interpreta como le da la gana) que tuviera más sumisas... ni una sola; precisamente dije NO a esa situación para evitar revivir de un modo, ni remotamente parecido, el desasosiego de sentirme en el punto de mira de más de una persona, vigilada o en medio de una extravagante competitividad de la que nunca he querido tomar parte. Por lo tanto mi amo ocultó que ya tenía una sumisa cuando me tomó a mí...; lo cierto es que entendí el engaño y lo perdoné porque ya estaba enganchada y su abandono de una semana casi me hace picadillo.
Su sumisa y yo nos hicimos amiguitas hasta que empecé a percibir que ella me utilizaba para tener constantemente información sobre mi amo. Preguntaba toditos los días, varias veces, si había hablado con él... si ella sabía que yo hablaba con él por teléfono o chat, le contactaba y conseguía que él dejara de estar en contacto conmigo en ese momento. Lo primero que hizo fue ponerle a parir... supongo que para que me entrara el miedito y yo me alejara... pero decidí comprobar por mí misma si eran ciertas las barbaridades que contaba. La mayoría no lo eran y el resto no me afectaban.
Nuestro primer encuentro dejó el sabor agridulce de el encanto de su presencia mezclado con las llamadas persistentes de su otra sumisa, siempre preguntando si estaba con él... me agobió tanto la situación que mi dueño lo notó y decidió prohibirnos hablar la una con la otra. Para mí fue un alivio porque había llegado un punto en el que me sentía presionada y vigilada y eso me agobiaba muchísimo. Lo que me pareció mal es que él le contara a ella todo lo que le había contado en confianza, sobre cómo me sentía, mis impresiones... adornado vete a saber cómo.
Al no poder hablar entre nosotras y aclarar situaciones diversas nos fuimos tomando manía mutua. Ella percibía ocultos en mi facebook comentarios ofensivos hacia ella (que no eran más que la frase de Eduardo Punset por la que había comenzado a leer el libro ese día) y comenzó a hacer comentarios realmente ofensivos que me herían profundamente.
Mi dueño dijo que la que mintiera de las dos se iba a tomar por culo... según mi dueño (no creo ni una palabra suya) ella lo inventó todo, pero no rompió con ella. "Le he dicho que ni una más" _me dijo_ (¿Cuántas veces le escuché pronunciar lo mismo?). Dos días después mi amo me dijo que su otra sumisa le había mostrado conversaciones privadas que yo había mantenido con terceras personas... no hubo consecuencias. Un par de días después me entró un amo diciéndome que "fulanadecopas" (la otra sumisa) le había dicho que yo era libre...
En todo este berenjenal mi dueño montaba un negocio y su sumisa se iba a vivir con él. Me abandonó de a poquito diciendo que tuviera paciencia, que "en tres días todo vuelve a la normalidad"... y la normalidad se aplazaba y aplazaba indefinidamente.
Solía decir "te llamo en cinco minutos"... horas y horas y horas...y más promesas de mayor o menor envergadura que se incumplían sin tregua... ya no podía creer nada que dijera mi amo. No hay más ciego que el que no quiere ver pero la evidencia me cegaba cada día más...
Supe luego que mi dueño había estado jugando a enfrentar a sus sumisas _le parecería divertido_ no sé si más o menos conscientemente. "El innombrable" también lo hizo a menudo. ¿Qué atractivo encuentran los amos en enfrentar a sus sumisas entre sí para luego hacerse los cansaditos? Tal vez haya un por qué en todo esto pero... para mí es una hijoputez como una catedral. De nuevo reviví la ansiedad, la incertidumbre y el sinvivir... de nuevo la decepción de pertenecer a un amo incapaz de mantener su palabra, aunque sea facilita y hacer alarde de la coherencia y seriedad de la que tantísimo les gusta presumir, excusados tras pobrísimos argumentos que cuestionan no sé si su inteligencia o la mía. De nuevo un amo que miente, un amo que abandona, un amo que permite que sus sumisas se tiren de los pelos (más o menos virtualmente), de nuevo un amo que se deja llevar por acusaciones falsas de otra sumisa, de nuevo un amo que exige un grado de implicación emocional forzada que no siente ni de lejos, de nuevo un amo que es incapaz de mantenerte a su lado y te escupe lejos de él cargándote de culpa. ¿Cuántas veces tuve que escuchar del innombrable y sus secuaces "la culpa es tuya"???? Esta vez no. Algo aprendí de todo aquel infierno que me mantuvo angustiada durante meses. Esta vez no he dado tregua a la angustia. No he creído gratuítamente en un amo que me daba razones sobradas para desconfiar de él (del pasado se aprende).
Mi amo, que tanto se ofendía si se me ocurría compararle con el innombrable... es igual o incluso peor que él: más cínico, más mentiroso...
Pero esta vez yo he sido quien ha tomado la determinación de romper la espiral de dolor gratuíto y esta vez he sido yo quien ha puesto fecha límite a la angustia (y yo sí que cumplo mis fechas... no como otros).
Ahora soy una mujer libre de veras. Libre como nunca. Las lágrimas dejaron de correr desde el mismo instante en el que mandé el e-mail en el que acababa con todo (sí, le he dejado por e-mail... no merece la molestia de esperar a poder hablar con él cinco minutos seguidos). Esta vez no durará el dolor más de lo que duele un golpe en el codo porque he aprendido mucho, muchísimo, de los amos que se las dan de expertos y de las sumisas hijas de puta. Y he aprendido sobre todo que no merecen ni una lágrima, ni un replanteamiento, ni odio siquiera... tan sólo merecen pasar al olvido. Ahí les tengo... asomaron por el parecido de la situación y de nuevo, pero esta vez bastante más deprisa, saco la basura antes de que huela mal... si no es así, la basura sigue atufando un año después.
Será sencillo subir el listón, todos mis amos lo dejaron casi a ras del suelo. Mantengo las condiciones que nunca cumplí: ni un amo de lejos, ni un amo con sumisa, ni un amo que consuma mis escasos recursos. Y mantengo la que siempre cumplí: ni un amo casado.
Es tiempo del amante normal... el que se marca unos cuantos puntos romántico-festivos contigo y te arropa de ternura para variar. No está mal. Un poco primario para mi gusto, pero no está mal. Sucedió anoche y sucederá esta noche... tal vez también suceda mañana. Viene bien para superar el trago... las penas con "pan" son menos.

Nota: No pido ni pediré disculpas a los que se den por ofendidos. Doy lo que me das. Respondo en consecuencia... ya estoy un poco cansadita de los que te clavan el cuchillo y se quejan de que les salpicaste de sangre. Hay mucho pajillero mental en el mundo del chat.

martes, 27 de julio de 2010

tzade. Fin de la búsqueda. Principio del camino.

Hace más de un año y, sin embargo, aún recuerdo aquellas sensaciones intensas, únicas, irrepetibles. Gateaba desconcertada, con un pequeño cubo en la boca, limpiando de rodillas. Obedecía órdenes que el otro no tenía modo de ver por sí mismo, sólo la fe en mi palabra.
Recuerdo la espera eterna: "Quédate ahí hasta que vuelva"... y yo me quedaba hasta que la espera sobrepasaba las cinco horas y no había regreso. Las esperas eternas eran cada vez más frecuentes y en ella sconocí a otros amos. Luego llegó un amo diferente, con una conceptción distinta de las cosas que me incitó a abandonar a aquel ciberamo que había despertado mi curiosidad y descubrió de mí una faceta más honda: algo que iba mucho más allá del morbo y entendí que mi verdadero yo emergía a la superficie con una fuerza inusitada, un volcán desbordado que, tras ser despertado, mi amo no pudo o no quiso controlar. Si bien aquello me desmarcó, me desbordó y me hirió también es cierto que crecí porque se había descubierto una parte de mí misma que no desconocía, contra la que no luchaba pero trataba de ignorar. Y ya no había marcha atrás. Y se inició una búsqueda que no acabó con el nacimiento de andromeda{}.
andromeda{} surgió ilusionada, con los ojos bien abiertos, buscando calmar su sed y buscando... ser rescatada del monstruo que estaba a punto de devorarla. Las prisas no son buenas, ya lo decía mi abuela.
Traslado lo que escribí en mis cuadernos un par de días antes del abandono de Perseo (*):
"Ignoro si mi amo es lo que necesito o es un tránsito, parte de ese camino hacia la entrega que aún no es plena ni creo que llegue a serlo con él pero forma parte de un aprendizaje.
Nada es para siempre de todos modos. TAmbién sabía que mi anterior relación tenía fecha de caducidad. Lo que ignoraba era que todo sucedería tan deprisa, que todo sería tan intenso, que me haría tanto bien y tanto daño y que acabaría imponiéndose una distancia insalvable que nos alejaría del todo y para siempre.
Necesito sorprenderme. Necesito saberlo todo. Conozco cual será (literalmente) la respuesta verbal de mi amo. Sé cual será el fruto de mis acciones. Sólo me excita cuando me sorprende. No me gusta insinuar a un amo cómo creo que debe actuar ni recordarle lo que debe hacer. Soy su sumisa, no su secretaria. Cuando la sorpresa consiste en una respuesta típica de un amo en pañales entonces el factor sorpresa no me excita: me desconcierta pero no me excita...
... Cada vez más me doy cuenta de la necesidad de pertenecer a alguien que pueda someterme físicamente con mayor frecuencia; pero además mi necesidad de ternura, complicidad e implicación emocional está cada vez más acentuada y me doy cuenta de que necesito una pareja tanto o más que un ao y que necesito compatibilizar ambos aspectos a ser posible en una misma persona.
Tengo 38 años y un hijo de 3, una economía precaria y una cama grande, demasiado ancha. Crece mi necesidad de pertencer a un amo junto a la de abrazar en las noches algo más emocional que una almohada de los chinos. Soy consciente de que es difícil pero sé que no es imposible...
... por lo pronto recibo grandes dosis de deseo y ternura y pequeñas dosis de dominio que me despiertan los demonios porque son como gotas de agua en los labios del sediento y sé que no serán suficientes. Lo que ignoro es si este amo mío me calmará la sed o sólo la avivará y dejará mi boca abierta, ávida y preparada para la llegada del agua que me dé la vida".
Días después de escribir estas palabras me dejé caer en una dinámica de poner a prueba a mi amo (no pasaba ni una) desobedeciendo descaradamente sus órdenes hasta que le planté mis dudas en la cara y, como no le gustan las dudas, se enfadó muchísimo, me dejó por e-mail y ha decidido interpretar que le reproché su ternura cuando de haber tal reproche era sobre su falta de firmeza. Dejé a salvo su orgullo permitiéndole pensar de sí mismo que hay actitudes que son intolerables y por eso me abandonó. Para mí fue un alivio: no hubo lágrimas, ni ira, ni malestar siquiera. Me dio igual. Me daba pena porque tenía una voz increíble, una de esas voces de locutor de radio que te vuelven loca. Me seducía pero no me dominaba y mi obediencia era movida más por mi necesidad de obedecer que por sentir ese dominio auténtico. Todo era una mascarada. El teatro es divertido pero después de dos horas a la gente se le calienta el culo. Me costaba creerle. No entendía por qué el collar vacío de un amo que no desea que diga a quién pertenezco.
La obediencia es una condición a medias entre la predisposición de la sumisa y el saber hacer del amo. Ha de producirse ese matiz que diferencia a las personas que obedeces de las que no.
No hubo tiempo para el luto. Después de mis nueve meses de secano he pasado de mano en mano como la falsa moneda, igual que allá por agosto del pasado año pasé también de unas manos a otras.
No ha sido necesario que le pida que me observe: lo ha hecho directamente. Me conoce. Está en mi mente. No he tenido que pedirle que haga algo para que le recuerde cuando él no esté presente. No es necesario. No tengo que sugerirle cómo deseo o necesito que me trate: él lo sabe y luego... luego hace lo que le da la gana, que para eso soy suya y resulta que su modo de tratarme me completa. No me recrimina ser como soy: lo cambia de un modo natural y fluido, sin necesidad del insulto, el reproche o el azote. Ante el desacuerdo mi amo apela en primera instancia al sentido común sin detenerse en él mucho porque, a fin de cuentas, para eso está su voluntad... una voluntad que siempre me parece cargada de lógica.
A fin de cuentas hace más de un año que me conoce. Me tiene el pulso tomado, me tiene tomados hasta los poros de la piel.
Y aquí estoy, levantada desde las seis y media y trabajando desde las 7:00, haciendo lo que tengo que hacer porque tengo que hacerlo, no por contentar a mi amo pero sí bajo su ala y con su apoyo. Estoy agotada a tantos niveles que mi voluntad no encuentra el camino. Pero mis niveles de energía empiezan a remontar como no lo han hecho en mucho tiempo.
Ya no tengo que buscar nada. Lo que necesito ya está a mi lado. Ahora sólo tengo... mucho que aprender.
* Cómo eran los griegos, qué cosas tenían: la mamá de Andrómeda iba por ahí contando que ella y su hija eran más hermosas que las náyades del mar; entonces las náyades se indignaron mazo y los dioses decidieron castigar no sé si al pueblo entero y para calmar a los dioses los papás de Andrómeda pensaron que sería una buena idea atar a la niña a un pedruscón de un acantilado para que se la merendara un cacho monstruo marino, razón por la cual se la representa siempre en las pinacotecas de la guisa que la vemos ahí abajo (hermoso, ¿A que sí?). Perseo que pasaba por allí y vio a la pobre Andrómeda en cueros vivos pasando frío y pasando miedo se quedó colgaíco de ella y les dijo a los padres:
- No pasa na. Yo mato al monstruo y no os cobro ni un dracma pero, eso sí, me tenéis que dejar que me case con vuestra hija"
- Vale tio _dijeron los padres_
Perseo mató al monstruo, rescató a su churri y cuando dijo de casarse con ella los padres dijeron que naranjas de la china, que habían pensado casarla con un dentista.
Entonces Andrómeda se dio cuenta de que sus padres buena gente, lo que se decía buena gente, no eran: no cumplían sus promesas, la sacrificaban a un monstruo... y decidió que no quería cuentas con ellos y se escapó de su casa y se fue con Perseo que, aparte de haberle salvado la vida, era un rato guapo y además tenía una verga impresionante (que antes los griegos llevaban una túnica cortita que con un golpe de viento dejaba sus encantos al aire). Se casaron, tuvieron hijos y fueron felices para siempre jamás.
Más o menos la historia es así. El que quiera saber exactamente qué sucedio no tiene más que se pase por el Olimpo y se tome con Zeus un tubo de ambrosía o que acuda al santo Google, me da igual.
El caso es que cuento todo esto para explicar por qué llamo Perseo a ese amo que nunca me dejó revelar su nombre cuando me preguntaban por el vacío de mi collar. No sea que exista un Perseo registrado en irc y perjudiquemos al animalico.
Txiria me dijo "cuando llegue tu amo lo sabrás" y llevaba más razón que un sabio y que los viejos refranes.
¿Por qué esta vez no llevo collar? En principio mi amo no lo considera necesario y yo tampoco. Él no siente la necesidad de marcar territorio, confía en mí y el collar está fijado a fuego en mi corazón y estoy atada en corto, no porque exista una prohibición expresa de hablar y conocer a otros amos (que no la hay) sino porque mi amo sabe que soy suya y eso le basta y él me dice, cargado de certeza, que si conozco a otro amo y quiero irme con él, que me vaya con él y punto. Una sumisa, con collar virtual o sin él, es libre siempre, en todo momento y nada impedirá que se marche si desea hacerlo. Y en este punto ando, ligada más que nunca a un amo por la propia voluntad de estar a su lado, un amo que mantiene la firmeza sin olvidar en ningún momento la ternura.

jueves, 1 de julio de 2010

andromeda{}


Una constelación, un personaje mitológico, una sumisa encadenada pendiente de las estrellas viviendo una historia única. Gracias mi amo.

miércoles, 30 de junio de 2010

La fusta está en tu cabeza

Suelo decir a mis amantes menos creativos que el cerebro es el órgano sexual más poderoso que existe, invitándoles a usar la imaginacion y a vivir la sexualidad de un modo más complejo, menos monótono y más placentero para los sentidos.
Y al igual que la sexualidad humana reducida al acto de meter, sacudir y guardar resulta ser un acto simple, monótono y hasta displacentero, el BDSM reducido a azotar-chupar y tragar está reservado a mentalidades muchísimo más simples que la mía _aparte del hecho de que eso no es BDSM_.
Cada amante es diferente y cada amante es capaz de aportar algo nuevo, algo que le haga especial y diferente del resto, algo que provoque que deseemos repetir. Y con los amos sucede algo parecido. Una planta sus conocimientos anteriores, sus concepciones previas sobre la mesa y se da cuenta de que aquello era BDSM, lo otro era BDSM y esto que está viviendo ahora también lo es _no mejor, ni peor: diferente_ y se da cuenta de que cada evento sucedió en su momentoy la ayudó siempre a crecer, a aprender y a sentir.
Me aburren los amos previsibles y lo desconocido me abruma y me desconcierta, pero también despierta mi curiosidad. Algo no es peor por el simple hecho de ser diferente a tu concepción de las cosas _que de paso, es posible que sea equivocada_. Que un amo no baile al son de tu tango no significa que no baile bien. Sólo tienes que sintonizar con su música. Entonces todo es más sencillo, y todo, hasta lo más chocante, cobra sentido y sentir en una sinfonía perfecta porque cuando chirriaba no fallaba el instrumento, sino los oídos que lo escuchaban.
He tenido que desenterrar del fondo de mi armario mi olvidada humildad porque sólo a través de ella me ha resultado posible comenzar a comprender lo que está sucediendo y contemplar mi realidad (actual y pasada) de un modo ajeno a juicios y prejuicios (incluídos los que se montaban sobre mí misma, bordados a punzadas agudas sobre un tirante bastidor).
La comparación resulta absurda cuando se trata de comparar personas. Cada uno de nosotros lleva impresos en sus genes y vivencias una serie de acontecimientos aparentemente azarosos, fruto de una posibilidad entre millones de posibilidades fortuítas que le hace único. El primer amo te marca, cierto, pero no tiene por qué marcar tu camino, no tiene por qué determinar las bases que sustentan tus futuras relaciones BDSM, ni el prisma con el que contemplar tu vida. No verás un carajo a través del cristal del amo del pasado.
Algún día, si alguien me menciona el pasado reaccionaré con absoluta indiferencia. Aún no es así. Todavía me duelen los recuerdos, todavía me enciendo en furia, me cuajo de nostalgia, o me cubre de tristeza. Todavía me duele. Mi señor, que lo sabe, ha tenido a bien detenerse a curar las heridas que otros dejaron. Tanta ternura y atención me desconciertan. Cuando le he hecho partícipe de mis dudas, la mayor parte de mis temores se han ido disipando, leyendo atentamente sus argumentos cargados de una lógica aplastante. Y he descubierto que me resulta más sencillo recibir azotes que ternura. Que recibo antes una humillación que una alabanza. Que me siento desnuda ante el halago... es fácil saber qué hacer ante una orden.
A golpe de ternura, uno a uno, se van derribando mis muros y sé que cuando a mis ojos ya no les ciegue la luz del sol, podré descubrir un horizonte que ya promete ser mucho más extenso y hermoso de lo que me había atrevido a imaginar.

domingo, 27 de junio de 2010

a pasito

Para quien tiene miedo, todo son ruidos. La más mínima señal que podamos asociar a otros acontecimientos nos dispara la alarma y abrimos más los ojos y plantamos más los pies. A menudo el miedo a perder nos impide disfrutar de lo que tenemos. A menudo el miedo a perder algo incluso antes de tenerlo nos hace volver la espalda a algo maravilloso. Sucede cuando la prudencia se convierte en miedo.
Mi mayor temor ahora mismo soy yo misma. Mis mayores dudas se mueven en torno a mi condición de sumisa, mi capacidad para serlo y mi impulso habitual a la deslealtad, que sucede siempre que me siento abandonada. También mi necesidad de probar los límites del otro para saber hasta dónde puedo llegar, rompiendo la paciencia del santo Job.
Ahora, en mis primeros pasos hacia mi nuevo amo, trato de ser prudente al tiempo que disfruto del descubrimiento del otro y del descubrimiento de mí misma. Me late una necesidad visceral de pertenencia y la necesidad de lucir esa pertenencia. Resulta curioso, con lo reacia que yo era a llevar el collar en el chat, cómo echo de menos ahora lucirlo orgullosa. Supongo que acabé entendiendo su sentido más allá de mis prejuicios sobre los amos que lucen sus trofeos en un entorno ridículo (así pensaba), donde parece que importas a todo el mundo y realmente no importas a nadie.
Ahora, me revuelvo en mi sempiterna crisis de identidad, ya que "hadadescalza" es también el nick favorito de alguien, a mí también me gusta, pero tiene unas implicaciones emocionales muy ligadas a mi pasado, un pasado que a veces me duele recordar, pero que me ha marcado profundamente y me ha transformado de un modo importante (para bien o para mal).
Me conquista su paciencia, su tiempo, su risa, su ir despacio,paso a paso, su modo de conocerme y su manera de burlarse de los minutos. Me siento importante cuando estoy a su lado. Me siento única. Me siento deseada.

viernes, 25 de junio de 2010

La sonrisa encriptada

Como mi padre, el amo se ríe pa dentro. No me imagino a un amo dando una orden con una sonrisa cálida y ancha... me lo imagino, pero nunca lo he visto. Sin embargo, sabiendo mirar a los ojos, sabiendo leer entre lineas un poquito, se puede ver en la expresión de su rostro la sonrisa de satisfacción, el orgullo velado, esa anchura de ego que se les pone a los amos cuando saben a su sumisa a sus pies.
Mi necesidad de servir a otro, de satisfacer a otro, de sentirme de otro, se me desmide a veces hasta tal punto de que me da la impresión de que le abriría mi alma a cualquiera que se acercara... el alma no pero... mi cuerpo pertenece de un modo gratuíto y amplio a cualquiera que se ponga a mi alcance, hombre o mujer, un deseo inagotable de satisfacer, servir, sentirme de... que resulta agotador. Mi desconfianza también es amplia; no tanto hacia otros como hacia mí misma, mi desconfianza en mi propia capacidad de no cagarla, como la cagué con mi primera experiencia... y ese miedo es tan largo y veo tan lejos la posibilidad de realizar lo que quiero que me conformo con pequeños sorbos de entrega a veces con la certeza de que no podré volver a entregarme nunca de verdad a nadie.
Alguien que no nombraré me dijo "todo lo hiciste mal"... ese eco me quema la sangre. No conozco a nadie tan capacitado para cagarla con todo el equipo como yo misma. Lo pagué caro, lo pago caro... me sale tan caro como sentirme incapaz de volver a intentarlo de veras. Cuando algo parece nacer algo en mí se rebela y retuerce como si rociaran mis demonios con agua bendita. Mi sonrisa también se me encripta, no sea que se note demasiado que algo me hace sentir bien... noto a veces, en los momentos más mágicos, cómo mi expresión se torna seria... en ese momento jugaría de puta madre al pócker.
Sé que no puedo pretender repetir nada. Lo vivido está vivido (por suerte buena o por suerte mala) y cada persona, cada experiencia es única. Tampoco está ya en mi mano reparar nada, una vez siendo camarera por salvar un café tiré una bandeja entera... de sobra está decir que cayó también el café y dos o tres camareros... la torpeza es parte de mí y está en manos de mi amo tratar de pulirla... o al menos disimularla.
Ahora, que parece que empiezo a sentirme bien con uno me pregunto... cuánto tiempo tardaré en cagarla de nuevo. O si tendré tiempo de hacerlo. No obstante, sonrío para adentro... como hace él de cuando en cuando; algo que me encanta de él es que también se ríe.

jueves, 17 de junio de 2010

Cuarenta días en el desierto

Cerré el blog y me aparté de todo por el tiempo suficiente para tomar fuerzas, respirar a solas, ordenar mis ideas y poner a cada uno en su lugar. Ayer un encontronazo bastante desagradable me disparó las emociones y, como movida por un resorte, decidí seguir adelante pese a quien pese. No me gusta que el dolor guíe mis pasos. Cuando tomamos decisiones movidos por el dolor nos equivocamos (siempre). Pero esta vez el dolor me avivó el amor propio y resolvió mis dudas _que aún tenía_ sobre mí misma y sobre otras personas. No siempre está claro quién es el malo de la película.
Esta fierecilla despertó de su letargo y necesita ser domada, he cerrado puertas detrás de mí, de un portazo y sin piedad y el pasado ha quedado enterrado para siempre.
A veces intuyes el olor a mierda del interior de ciertas personas pero decides ignorarlo porque necesitas creer en una especie de mágico fondo de bondad que hace que todos los seres humanos valgan la pena. Y hay que cuidarse "muy mucho" de quien va por la vida de santo y de mártir organizando en su mente el funcionamiento del mundo para no estar nunca equivocado y que todo cuadre de tal manera que el mundo se divide en los que bailan al son que uno toca y los que no. Es triste que de cuando en cuando alguien tenga que darme un puñetazo en las narices del alma para darme cuenta de que habito aquí, en el mundo real, lejano a filosofías baratas y a psicologías positivas donde todo se soluciona hablando y al final del día todo el mundo se va feliz a la cama y los amiguitos se dan un abrazo. La realidad es que a veces el interior de ciertas personas es una mierda... y apesta.
Por suerte, en una gloriosa proporción de tres a uno, siempre hay quien tras el cruel latigazo a basura podrida te tira de las orejas, te aleja del foco de mierda y te invita a un té en un cálido saloncito que huele a incienso, canela y ajonjolí.
Y es eso, no lo otro, lo que me ha despertado del letargo. La bofetada sólo me paralizó, como cuando caminas sonámbulo y te despiertan a ostias y de pronto estás en un lugar diferente a aquel en el que creías estar. Me ha despertado darme cuenta de que debo andar con cuidado _eso sí_ muy especialmente de las personas que se creen perfectas, pero que hay otras muchas que vale la pena conocer porque aquello que te aportan te despierta la sonrisa, te hace crecer, te hace mejor persona. Y el mundo está lleno de ellas... en una proporción de tres a una.
Regreso con una sonrisa mirando mi nuevo horizonte con los ojos de la ilusión. Con la cabeza alta, la frente despejada y la mirada viva; con la mochila vacía y el deseo claro y despierto.
Adelante, sellando las puertas que atrás sólo daban golpes de viento. Sin acritud ;)

miércoles, 16 de junio de 2010

Reapertura

Cerré el blog por respeto a ciertas personas que se sintieron ofendidas con él, aunque me disculpé por activa y por pasiva por la parte que me toca y creo no haber sido tan ofensiva como para merecer ciertos gestos. Pero puesto que he percibido una ofensa real y palabras realmente ofensivas por parte de xxx, no me parece que sea de recibo privarme de un derecho propio a la libre y total libre expresión de mis pensamientos y emociones, porque a dicha persona le parezca que en este blog se la ofende porque sé bien que no es así.
Si dados todos los pasos que he considerado oportunos nada ha dado sus frutos y actuando con el corazón en la mano y las mejores intenciones no he encontrado algo diferente a lo que hubiera encontrado si hubiera ido machete en mano golpeando cabezas lo menos que puedo hacer es levantar la cabeza, asomarla y dejar de esconderme y repetirme a mí misma vez tras vez que no permanece quien no vale la pena, que el mejor desprecio es no hacer aprecio y todas esas cosas que decimos cuando estamos dolidos con alguien.
No mencionaré nada más sobre las personas que ya no están en mi vida. Cada día estoy más convencida de que es mucho mejor que así sea. No les deseo nada malo, tampoco lo mejor. Sólo deseo que la vida les devuelva exactamente lo que merecen. Ni más, ni menos (no lo que creen merecer). Todo el mundo piensa de sí mismo que es una buena persona. Y a mí me gusta pensar por defecto que los demás lo son, hasta el punto de llegar a pensar que yo misma soy mala.
Si utilizara mi inteligencia en ser mala persona no se libraba ni el Tato.
Tal vez debería ser mala, sería mucho más divertido y lo pasaría mucho menos mal.
Lo dicho, el blog sigue abierto para todo el mundo. Y al que no le guste, que no mire.

martes, 11 de mayo de 2010

nota aclaratoria, despedida y cierre

Creé este blog con una ilusión y una intención muy diferente a las palabras que lo han alimentado. Como la sumisa del único amo que he tenido. Breve pero intenso, el recuerdo de aquellos días se me quedó grabado para lo bueno, lo malo y lo peor.
Deseo aclarar que en ningún momento quise transmitir nada negativo acerca de las personas que quise y sigo queriendo. Que siempre se ha tratado de hablar de mis emociones, de cómo evolucionaban, me envolvían y me hacían crecer... o menguar. Todo es subjetivo y parte de mis emociones más intensas.
Las palabras son putas que cobran caro. Lo dije y lo repito. Me ha costado el silencio de personas que se han dolido de ellas, aunque las dije sin intención de herir. Algo que lamento profundamente. Ni me arrepiento ni tiene sentido arrepentirse. Sí que lamento no haber encontrado la palabra precisa y el silencio oportuno. Haber callado lo que quería decir y que me haya reventado como una granada en las entrañas. Haber hablado cuando debí callar para que mis palabras de viento se volvieran contra mí lanzadas como piedras.
Desde aquí pido perdón si hice daño, aunque creo que pagué (y con creces) mis delitos: el delito de sentir más allá de lo que podía comprender y de esperar que se entendiera exactamente lo que pretendía decir.
No tiene sentido continuar, al menos de momento. Equivoqué el camino y ahora no encuentro el norte.
Yo necesito algo más. Tal vez algo diferente.
He abandonado aspectos más importantes, o igualmente importantes. Le he dado la espalda a la Magia y ahora la Magia me ha dado la espalda a mí.
Quiero algo más. Todo es poco. Nada parece suficiente. Es hora de volver a mi rincón seguro. Es hora de parar en mi enloquecida huída hacia ninguna parte. Partir de cero para no seguir llenándome de vacío.
Esto que suena a despedida, es una despedida. Me niego a seguir caminando sin saber a dónde voy. No puedo seguir dándome de ostias contra la pared. Me voy a volver loca. Necesito parar. Me lo merezco.
Gracias al señor Txiria por haberme mostrado algo de mí que yo desconocía y por continuar estando ahí, siempre atento, educado, dispuesto a tenderme la mano.
Gracias a Satén, por sus sabias palabras y su lógica aplastante.
Gracias a Moravecman por soportarme durante horas al teléfono.
Gracias a Dulce por quemarme la oreja y por arrancarme capas.
Gracias a Edmond, último testigo de mis coletazos de entrega.
Gracias a aquellos que no conozco pero que me han apoyado con sus palabras.
Gracias a los que un día estuvieron ahí aunque un día decidieran dejar de estar ahí.
Si se me olvida alguien... gracias y perdón, no tengo "el chichi pa farolillos" _que diría una persona muy querida del IRC.
Gracias y hasta siempre.

miércoles, 5 de mayo de 2010

puede ser?

De cuando en cuando miro atrás y se me llena el ombligo de nostalgia y de preguntas difíciles de formular, más aún de responder. Soy cauta pero amanece y te busco. Llego a casa y te busco. Duermo contigo y me gusta saberte ahí. Haces los minutos interesantes y amenos. A veces me tanteas, lo noto, me enorgullece y me asusta no estar a la altura. El pasado se revuelve y protesta. Quisiera que todo hubiera sucedido de otro modo. Aprendí, gocé, sentí y también lloré... anoche incluso me abatió pensar en ello. Me gobierna aquella sensación de impotencia, de poner todo mi empeño en hacer que las cosas funcionaran y no saber hacerlo; aquel repentino latigazo en el alma que me rompió en dos, a veces parece que para siempre.
Un gesto de lo más inocente por mi parte desencadenó una oleada de reproches que precipitaron un final que tal vez era inevitable. Pero nunca lo he acabado de comprender y creo que nunca voy a comprenderlo. Ya no me esfuerzo.
Supe que parte de mi destino estaba sellado y que una parte de mí estará vacía sin la orden, sin el sentimiento de protección, sin el azote... sin la entrega. Aún no borré los mensajes, cuando el otro día por casualidad los descubrí en el teléfono y los releí uno por uno descubriendo aquella ternura que ya no recordaba y cómo me llenaban aquellos pequeños gestos que querían decir "me importas".
Es útil haberlo vivido. Todo cobra sentido pasado un tiempo y sé que todo sucede por una razón. Me apena haber desatado del todo algunos lazos, pero creo que hice lo correcto. Me alegra mantener otros. De cuando en cuando, cuando miro atrás, sonrío. Creo que es una buena señal.
Ahora te veo y me crecen flores en los pies. ¿Cuándo sabemos que estamos preparados para empezar de nuevo? Siempre parece perfecto mientras sucede. Una sumisa es tan frágil cuando se entrega de veras... y yo no conozco otro modo. Me di plenamente. Me di en la medida de mis posibilidades, que tal vez no resultaron suficientes. Pero si bien las formas no acababan de pulirse lo cierto es que el fondo estaba ahí y era perfecto. Lo era. No deseaba más. No necesitaba pedir más. Mi único deseo radicaba en transmitir exactamente lo que quería expresar, en que se interpretaran mis gestos de un modo justo. Sólo deseaba sentir que no había modo de desatar una tormenta en un segundo. Confiar. No sentir sobre mi cabeza la espada de Damocles, la amenaza constante, el reproche perpetuo. Quería hacer las cosas bien.
Me comparaba entonces con un niño hiperactivo que traté hace mucho tiempo que me dijo "yo quiero ser bueno, pero no sé cómo".
Y, claro, si admitiera en este instante que no puse toda la voluntad posible, que podía haber hecho más de lo que hice, que no puse toda la carne en el asador todo sería mucho más sencillo. Bastaría con esforzarme más. Pero como no está ahí la respuesta porque el sentimiento era pleno y la intención era máxima, no tengo garantías de que no volvería a suceder lo mismo.
Así que me debato entre el deseo de pertenecer a esa voz que me calla en dos palabras, o dejar que la prudencia y el miedo hagan el equipo perfecto para construir la muralla perfecta, infranqueable, que me proteja de volver a sentir aquel dolor tan intenso.
A veces veo en mí a una valiosa persona, a una sumisa maravillosa con mucho que entregar, mucho que ofrecer. Pero tan valiosa como un billete de 500 euros, las leyendas urbanas dicen que existen, partido en dos, incapaz de recomponerlo. Dos medios billetes no valen nada.
Entretanto, pienso en ti, te busco y me permito fantasear.

miércoles, 28 de abril de 2010

De rama en rama como los monos.

Al igual que Javier Urra, en su libro "El pequeño dictador", considero que "la empatía es el gran antídoto de la violencia". Esto es así no sólo de la violencia a gran escala, sino a escala menor, a nuestras relaciones cotidianas, especialmente con las personas que queremos. Si lo tuviéramos presente haríamos menos daño con nuestras palabras y también nos dolerían menos las palabras de los otros.
Últimamente veo poca televisión. Estoy demasiado ocupada y me da como cargo de conciencia tumbarme pasivamente frente a ella. He retomado mis visitas a la biblioteca, paso más tiempo con mi hijo y visito blogs o navego al azar. Tampoco me conecto más de 15 minutos seguidos al IRC. Tanto la televisión como el IRC suelen ponerme de mal humor. Observo una curiosa contradicción entre los participantes. Por un lado, su imperiosa necesidad de comunicar lo que piensan, sea lo que sea, como si sus pensamientos fueran a pudrirse dentro de sus sesos de un momento a otro. Por otro lado, una preocupante tendencia al juicio descarado, a la crítica destructiva, a la palabra desmedida y malitencionada unida a una excesiva pejiguería, a tomarlo todo como una ofensa aunque no lo sea. Acusaciones cruzadas que convierten un instante distendido en un campo de batalla en cuestión de segundos.
El ofensor a menudo ignora que ha ofendido y muy a menudo no ha ofendido, pero ha recibido una respuesta agresiva a una agresión que en realidad no ha tenido lugar. Es de locos.
A menudo recuerdo las feroces críticas que recibí en mi otro blog hace mucho tiempo de un tal Juanma Medina, un gran bloguero muy seguido porque escribe de puta madre. El desencadenante fue una entrada de Cuadernos del año 2005. Yo me ofendí muchísimo por lo que me decía, más por las formas que por el fondo. Me sorprendió mucho ese modo tan agresivo y soberbio de dirigirse a mí, dado que es una persona muy capaz de comunicar con bastante más clase y elegancia. Su blog es una crítica fresca y ácida de todo lo que observa. Similar al toque que pretendía dar a mi blog hace un tiempo. Vamos, que "puta" fue lo más bonito que me dijo. Nunca justificaré las formas, pero no tardé en comprender el fondo... que me voy por las ramas.
ES cierto que a menudo so descarnada en mi blog muestro una carencia total de empatía hacia las emociones de un lector que puede sentirse directa o indirectamente identificado. Y no so quién para ofenderme si el otro no se molesta en leer entre lineas o no le importa el efecto que producen en mí sus palabras.
No por eso voy a cortarme un pelo. Dado que los lectores "ofendidos" se despachan a gusto en sus respectivos blogs, directamente conmigo o me castigan con su ignorancia y su silencio como si una fuera lo peor de lo peor... puede que lo sea, pero no entraré en detalles. Yo por mi parte considero que si mi intención fuera la ofensa lo haría con mayor ferocidad y daría rienda suelta a mi tendencia al sarcasmo; algo que hago, por supuesto, en entradas que se guardan como borradores. Pero eso es otro tema también y vuelvo a irme por las ramas.
Decía que no pienso cortarme un pelo... ya me corté aer todos los que me sobraban :P. Mis emociones e impresiones son las que son sería muy hipócrita si me mostrara como una beata sin ápice de maldad. Pero si yo tengo mis razones para expresar lo que expreso el otro tiene derecho a interpretarme como le salga de las vísceras y yo el derecho posterior de considerarle y tratarle en consecuencia.
No lamento lo que digo y no puedo lamentar lo que pienso.

"Somos mucho más de lo que pensamos. A menudo somos todo lo contrario de lo que pensamos" (Eva BAch y Pere DArder). Añadiendo que a menudo somos lo contrario de lo que los demás piensan y los demás lo contrario de lo que nosotros pensamos de ellos.
Estoy muy cansaíca de los patios de colegio. Hasta los cojones de patios de cole estoy. Pero no ya de los que se ofenden o no se ofenden, o los que dejan de hablarme por sus razones, poderosas para ellos aunque para mí sean estúpidas. Es cuestión de puntos de vista. Si tú piensas que yo soy lo peor y yo pienso que tú eres lo peor, uno de los dos está equivocado... yo no... :P (nota para bobos: interprétese icono gestual de dos puntitos P como comentario realizado en tono de broma, aunque esté hablando de algo muy serio... o de una gilipollez, según quién lo lea).
El ser humano es complejo per se. No me vanaglorio de considerarme más compleja que la mayoría de las personas que conozco probablemetne no es un hecho, sino una pequeña muestra de mi vanidad desmedida. No obstante he podido observar que la mayoría de conflictos no resueltos que he tenido tenían como base esa diferencia de complejidad: el otro demasiado simple como para comprenderme o yo demasiado compleja para hacerme comprender y demasiado orgullosa como para "rebajarme" a su nivel.
Reparo de más en las personas que me atacan o deciden darme la espalda porque no acabo de asumir una realidad irrefutable: NO PUEDO CAERLE BIEN A TODO EL MUNDO, es más NO TODO EL MUNDO PUEDE CAERME BIEN A MÍ.
Creo que es ahí donde radica esencialmente el germen de mi personalidad sumisa: centrar toda su energía, o la maor parte, en ser el objeto de deseo de uno y preocuparme sólo de lo que ese uno piense de mí y centrar mi ansia de agradar complacer en la persona elegida. De ahí el disparo de energía que supuso para mí ser sumisa. Todo era mucho más sencillo.
Ahora puedo comprender también lo que puede suponer para un amo tener varios sumisos (además de un quemadero de olla permanente): ser el único para más de uno.
Pero hay algo que no acierto a comprender pese a (o tal vez a causa de ) mi experiencia. ¿Por qué una sumisa que necesita ser "la posesión más preciada" de alguien accede a ser la segunda, tercera, n... en discordia? Cuando llegas la última a sabiendas de que jamás serás l aprimera tienes que centrar tu energía en agradar no a uno, sino a tres, que no eres ni serás su posesión más preciada sino que estarás permanentemente relegada a un segundo, tercer o quién sabe qué plano resulta tan complicado no ya agradar a todo el mundo, sino no desagradar a nadie...
Así que lanzo desde la última rama la cuestión:
¿Qué aporta a una sumisa llegar la última a la vida de un amo para estar sometida a él y al resto del harén? ¿Por qué una sumisa accede a esta posición? Porque yo lo hice. Pero no lo entiendo... puede que por eso esté donde estoy.
(Me cago en la "y" y en su puta madre)
Luego si las cosas van mal (no conozco ningún caso en el que vayan bien) la sumisa abandonada o abandontante se queda sola mientras los demás se siguen teniendo los unos a los otros. La segunda, tercera, n... sumisa tiene mucho que perder... ¿cuánto que ganar?.
"Lo que hace bruma en las personas es el silencio despectivo, la indiferencia acusadora, el comentario procaz que se suelta como un escupitajo de rana aburrida"
"Da repelús escuchar todos los b arros que tienen algunas bocas..."
"Pero me encuentro buscando todavía porque en definitiva soy un capullo" (todas de Juan del Carmen Expósito.
"Los comportamientos surrealistas nos convierten en seres de lo absurdo" (José María Hermoso)

martes, 27 de abril de 2010

RAS RAS

Será porque voy menos de seis veces al año. Será porque cuando voy me siento bien, me dejo mimar, me relajo. Será porque concentro mis ojos en mi imagen viendo cómo se transforma poco a poco en algo diferente. Será porque siempre salgo más guapa que cuando entré. Lo cierto es que para mí ir a la peluquería a cortarme el pelo siempre cobra un significado mágico, con el cariz de un ritual de iniciación-terminación de algo. Nunca pido cita. Respondo a un impulso. Un buen día paso junto a una peluquería entro y digo "quiero cortarme el pelo". No pido nada en especial. "Como tú quieras..." _me aventuro_; a fin de cuentas, una peluquería es un sitio donde una dice cómo quiere el pelo y luego le hacen lo que les da la gana.
A pesar de mis conocimientos mágicos, ignoro siempre las fases lunares _mal hecho_. Lo único importante es que respondo al impulso aparentemente simple pero poderoso de hacerlo.
Cada caída de mechón es la caída de un recuerdo, de un vínculo, de una emoción ligada a acontecimientos poco agradables... o tal vez agradables pero que por pertenecer al pasado producen dolor al recordarlos.
Para mí es todo un ritual. Casi me da rabia haberlo hecho tan tarde. Pasados ya cuatro meses, más tiempo del que duró... y lo peor es que el corte de pelo no garantiza nada. Sólo la voluntad de no arrastrar el pasado; sólo la intención de abandonarse a lo venidero.
Sigo sin comprender muchas cosas. Me sigo sintiendo indefensa frente a las contradicciones. Hoy me zumbaban aquellos recuerdos en la cabeza no sé a cuento de qué ni por qué. Amanecí preguntándome por la clase de mecanismos que me transforman en una mujer insoportable, no querible, no adorable, no domable...
Pero todo eso va a cambiar porque hoy me corté el pelo. Renuncio definitivamente a la idea de añorarte.
Nunca fui más sumisa que cuando dejé de serlo y seguí contemplando a mi amo y mis hermanas desde la sombra. No era placentero, no había goce; pero tampoco tenía otra elección. La pertenencia es un acto tan trascendente que va mucho más allá del gesto simbólico. Más allá de la entrega física de un collar. Más allá de asimilar mentalmente los hechos. Más allá de la búsqueda racional de todas las respuestas.
Mi entrega fue mucho más profunda de lo que nunca quise admitir, mucho más honda de lo que transmití. No encontré la vía para transmitir la emoción que va del corazón al gesto oportuno, la palabra precisa. Siempre sucedía lo contrario a lo que debía suceder. Me equivocaba porque el miedo me impedía dejar que mi corazón hablara. Me equivocaba porque tenía miedo. Y el miedo no es un buen tom-tom.
Asumiendo racionalmente el final desde el primer momento, incluso mucho antes de que el verdadero final llegara, discurría en paralelo otro curso que se negaba a conocer otro mar.
Hace mucho tiempo que creo que no regresaría a su lado por más que sintiera el deseo de hacerlo. Hace mucho que afirmo rotundamente que tal deseo no existe. Pero lo cierto es que no puedo hoy garantizar nada. Porque no hay modo de probarlo. Porque sin su mano sobre mi cabeza es imposible saber si mi respuesta sería una simple negativa con una sonrisa o una frente desconcertada entre sus pies.
Lo siento, olvidé tu cumpleaños... vuestro cumpleaños. El de las dos personas que me conocieron más que yo a mí misma, al menos, en algunas cosas.
No puedo garantizar que no exista una nueva asociación de ideas que lleve mi recuerdo a agosto de 2009. No puedo garantizar que mañana, pasado o dentro de x tiempo venga un olor, una imagen, un sonido a mis sentidos que me liguen irremediablemente a una de esas tres personas. No puedo creerme por más que me lo repita que x, y, o z no me importen.
Miro al horizonte y deseo fijarme en el futuro. Quiero que todo sea diferente. Por eso hoy me corté el pelo. "Ya no soy tu sumisa; ya no soy tu hermana" _quería decir_. Sé que un día dejará de importarme. Sé que un día realmente me dará igual. Pero hoy sólo ha sido el gesto.
Si no encontré el camino del corazón al gesto. Tal vez un día el gesto encuentre el camino del corazón. No lo sé. Lo único que sé con absoluta certeza porque lo he probado experimentalmente es que hoy no me puedo hacer una coleta.

miércoles, 21 de abril de 2010

Sombras del pasado

Han pasado ya doce años, trece tal vez y algunas sombras siguen ahí y se niegan a marcharse. Hace unos meses fue Txiria quien despertó al fantasma cuando me pidió que le contara... después pasaron las horas y no podía dormir; después di un paso en falso, se me cayeron todos los precipicios encima y algo se rompió. Pero eso es otro cantar. Hoy el fantasma estaba frente a mí. Doce o trece años más viejo. El tiempo ha hecho estragos en su rostro y en su cuerpo, hasta el punto de que al principio no le reconocí y dudé. Su voz era inconfundible. Su mirada también. El funcionario que me atendió hoy en xxxxxx era él. Multitud de tics que antes no tenía colaboraban a ese aspecto tan lamentable que ha esculpido con el paso de los años. Sus manos estaban sembradas de anillos de oro y no pude evitar imaginar el impacto de una bofetada sobre mi rostro, a pesar de que esas manos, de dedos cortos y rechonchos, no parecían amenazadoras.
Ambos actuamos como si no nos reconociéramos. No sé si me ha reconocido. No sé si sabe que le he reconocido yo. Me costó mantener la compostura y aquellos minutos se hicieron eternos. Me costó concentrarme en lo que me estaba diciendo. Él hacía bien su trabajo y se empeñaba en facilitarme las cosas y yo debí parecerle una inepta integral. Salí temblando de aquel edificio y decidí caminar por una ruta diferente, un poco más larga. Los recuerdos se agolpaban uno tras otro y decidí quedarme helada en lugar de llorar, en lugar de preocuparme, en lugar de tener miedo y en lugar de tratar de explicarme nada. Decidí quedarme helada sin poder evitar hacerme preguntas. Pero también decidí no responder a ninguna de ellas.
De aquellos días recuerdo el miedo, la impotencia y el pánico; la sensación de indefensión y de estupidez; la incertidumbre, la desconfianza, el dolor físico y el otro dolor. Recuerdo el miedo. Jaén es pequeño. Tarde o temprano tenía que ocurrir. ¿Y ahora? Algunas situaciones que he experimentado en bdsm guardan cierta semejanza con algunas que he vivido en aquella situación. Si bien en un caso era miedo a perder y en otro era miedo a seguir.
No estoy para asociar ideas. Tampoco preparada para dejarme caer de nuevo. Ayer no. Hoy menos. Dar permiso a alguien para que te sostenga es arriesgarse a que te deje caer. Dejar que alguien te cuide es permitirle que te abandone. Confiar en la palabra de alguien es saber que las palabras pueden interpretarse desde distintos puntos de vista y que la interpretación válida no es la tuya. Cuando dejas que alguien guíe tus pasos y luego te da la espalda ya no sabes hacia dónde ir. Medir todas las palabras es cerrar el corazón. Hablar sin medirlas es saber que todo lo que digas podrá ser _y será_ utilizado en tu contra. Permitir que alguien te descubra nuevas sensaciones puede resultar muy grato... hasta que te cierra la puerta mucho antes de que hayas podido vivirlas lo suficiente ¿Y alguna vez es suficiente?. Eso es lo que he aprendido con el BDSM.
No ha sido agradable ser una mujer maltratada. No ha sido agradable ser sumisa. Siempre he tenido clara la diferencia pero hoy, más que nunca, veo el parecido. A fin de cuentas, en ambos casos, confías en alguien que te hace daño y que realmente no es consciente de ello. En ambos casos el miedo a perder _el amo o la vida_ gobierna tu tiempo y tus pasos. En ambos casos las sombras se alargan en el tiempo y se hacen eternas. En ambos casos se queda una incapacitada para confiar de nuevo. En ambos casos el sueño te huye y sólo duermes cuando estás agotada. En ambos casos se mezclan amor y odio y la lógica no tiene cabida. Los buenos recuerdos te entristecen y los malos te enfurecen.
Creo que soy incapaz de entregarme. Creo que soy incapaz de amar realmente. Creo que maltratador y amo te dejan como recuerdo el mismo espejo: ése en el que te miras y te ves culpable, te ves inútil, te ves desprotegida, te sientes sola, te sientes estúpida...
Deseo aclarar que no culpo a nadie. Sólo siento, pienso, expreso y hablo de algo muy mío y muy íntimo: mis propias emociones. Y sólo yo soy responsable de ellas. No culpo a uno ni a otro de su concepción del mundo, su modo de hacer o sus delirios. No culpo a nadie. Pero ahora no sé si echarme a correr o si echar llorar.
Hoy por hoy, no concibo la entrega como una posibilidad. Todo hace demasiado daño. Estoy contemplando seriamente la opción de volver a cerrar mi infranqueable burbuja, del todo y para siempre. Pero además, no creo tener otra. Son los frutos del amor y de la entrega. Éstos son. No hay otros.

miércoles, 14 de abril de 2010

Hoy no estoy para nadie

Me gobierna la duda. Miedo y deseo jamás se llevaron de la mano. De los cobardes poco se ha escrito y de los temerarios poco más que necrológicas y prensa amarilla cuando se encuentra su cuerpo podrido en un basurero local... Pero se trata de algo más que miedo y de algo distinto a la prudencia. Releí el blog casi entero, buscando algo que no existe como un instante preciso, una palabra imperdonable, ese momento que lo cambia todo. Pero todo cambia todo el tiempo. Los amantes se me gastan enseguida. Estoy cansada de condenas al olvido, de promesas marchitadas, de esperanzas vanas y de muertes prematuras. Parece que todo sucedió hace un millón de años; parece que estoy viva desde siempre. Parece que me voy a morir mañana. Un comentario azaroso levantó una pequeña ampolla, de esas que salen junto al borde de la zapatilla y te hacen cambiar el gesto y arrugar el paso. A veces pienso que no aguantaré mucho más... no tiene que ver tanto con ser sumisa o no serlo. Eso sólo es una pequeña parte. De hecho puede que no sea ni parte. Tengo el norte perdido y el sur está lejos.
Hoy dije: "las palabras son putas que cobran caro". El silencio a veces es la mejor respuesta. Nunca tienes la certeza de que tus palabras tengan el significado exacto que pretendemos darles. Hoy busqué la anilla de la granada. La encontré. Entre montones de anillos de oro. Había que buscarla a fondo. Si buscas, encuentras y si no, te lo inventas. Odio a las malas personas que te hacen sentir mala persona porque se creen buenas personas. Odio al verdugo quejoso, aún con el hacha ensangrentada en la mano, que se duele de que le llamen "hijoputa".
Sinsentido. Pero lo que más me jode es que me importe.

Hacia la dominación

Cuando hablo contigo se me despierta la fiera que llevo dentro. Ese ama que a veces me late y que nunca acaba de marcharse... tal vez la que me convierte en una mala sumisa. ¿Switch? ¿Trastorno de personalidad múltiple? ¿Fraude?
... A veces contemplo ese camino diferente y si aún no lo he emprendido, más que por falta de deseo es por el temor de no saber hacerlo bien. Pero, a fin de cuentas, tampoco supe hacer bien eso de ser sumisa, y eso que creí haber elegido al mejor amo. ¿Me equivoqué de amo? ¿o me equivoqué de Mí?

viernes, 9 de abril de 2010

Incertidumbre

No sé si soy una sumisa reprimida, o una vainilla que desprende sumisión de cuando en cuando, como aquel que sólo suda cuando corre. Lo cierto es que lo que un día parece, al día siguiente, definitivamente no es. No hace falta que suceda o deje de suceder nada extraordinario. Una pequeña ausencia seguida de una pequeña casualidad es suficiente. Puede que esté nublado. Puede que tenga insomnio. Puede que un desconocido me despierte la suficiente curiosidad y el suficiente deseo. Puede que no esté preparada para elegir... a veces tengo la impresión de que no es mi elección y que depende más de quién elija primero, de quién se dé más prisa.



Como he mencionado otras veces, yo no tomé la elección de ser sumisa. Un día fui a conocer a un amo y horas después estaba a sus pies diciendo "sí mi Amo" y escuché de mis labios esas palabras sin haber sido consciente de que un milisegundo antes habían pasado por mi cerebro. El bucle impulso-pensamiento-acción se saltó el paso del tiempo y me costó caro, muy caro. Incertidumbre, temor, desconfianza, dudas, culpa, angustia, ansiedad, hastío, aprendizaje...
La felicidad es fugaz y nos pasamos gran parte de nuestra vida persiguiéndola.
Hoy no estoy segura de que el camino de la sumisión me aporte más felicidad que complicaciones y quebraderos de cabeza.
Hoy no estoy segura de ser sumisa, de querer serlo.
Los recuerdos me siguen haciendo daño... y otros recuerdos me siguen atrayendo. Como el mar, que tienta a adentrarse a sabiendas de que te espera la muerte. Alfonsina Storni lo sabía.

Tengo que aprender a insertar videos.
Hoy no soy sumisa, ni mujer, ni amante, ni alma en pena, ni voz que cante.
Hoy he decidido ser, sólo un poquito, lo más esencial y no hacerme más preguntas. A fin de cuentas, la vida sigue sucediendo a mis expensas. Y es que hoy me ronda la idea de que el mundo sería más hermoso sin mí.
...¿Depresión primaveral?
Estoy muy cansada de casi todo. Hoy quiero estar sola.

http://www.amorpostales.com/ALFONSINA-Y-EL-MAR.html

miércoles, 24 de marzo de 2010

Las comparaciones son odiosas

Generalmente decimos esta frase seguida de un pero y una comparación de hecho. Y es que a veces resulta inevitable realizar comparaciones porque nuestros esquemas mentales los necesitan para realizar evaluaciones sobre nuestras situaciones vitales.
Lo que más me gustaba (y me gusta, mantenemos contacto) de mi ciber-amo era que siempre sabía a qué atenerme con él. Era consciente en todo momento de las acciones que le gustarían o le disgustarían, tal vez no hasta qué grado, pero nunca me llevé sorpresas desagradables del tipo "pensar que estoy haciendo algo bien cuando según él lo estoy haciendo fatal". Mis palabras decían exactamente lo que querían decir y provocaban en él el efecto esperado. Y lo único que me desconcertaba (y me desconcierta de él) es el grado de poder que puede llegar a tener sobre mí con una sola palabra. Él no tenía que devanarse los sesos para encontrar el mejor modo de explicarme las cosas, lo entendía a la primera. Sabía las emociones que provocaba en él. Una pena inmensa tenerle a miles de kilómetros.
Desde que llevo el cuello desnudo mido, evalúo y comparo porque a menudo siento que tengo el poder de elegir. He recuperado esa sensación de poder tan desagradable que me invade a veces, cuando me parece pasear por las salas del chat una analogía de las grandes superficies en las que sale una agotada de calibrar calidad-precio. Y es que a mí no me gusta nada, pero nada, ir de compras. Por suerte a mi "amo" nunca se le ocurrió mandarme a comprar un boli al Corte Inglés, ni obligarme a permanecer media hora buscando un libro entre miles de libros o a elegir una prenda entre miles de prendas.
Por eso mismo mis estancias en el irc son cada vez más breves, o me limito a permanecer en los lugares de siempre, salas pequeñitas en las que haya poco movimiento y no resulte tan pesaroso seguir un conversación.
Absorbida como estoy con el trabajo y mis cosas, mi vida social se reduce todavía más de lo que estaba y cada día me cuesta más esfuerzo tomarme la molestia de quedar con alguien, arreglarme, maquillarme, salir y aguantar horas fuera y entrar en sitios de chumba-chumba-pum-pum a espantar moscones. Y aquí me quedo, ojeando de cuando en cuando los catálogos de amos expuestos en escaparate, pavoneando su poderío a través de guiones aprendidos de memoria y mostrando a menudo a través de una cam un gesto de prepotencia insoportable (cuando no mascando chicle con la boca abierta y cara de asco). A menudo cierro o no me molesto en entrar de nuevo cuando cae la conexión y me decanto por un café a las puertas del teatro. Algunas comedias aburren. Y el IRC me parece, cada día más, una mascarada inmensa y agotadora. A pesar de todo, me ha acercado a unas cuantas almas que valen la pena.
Cuando mi ex y yo fuimos a comprar un piso, no nos quedamos con el primero que vimos por eso de que hay que comparar y tal y Pascual. El caso es que pasadas un par de semanas el primer piso habia subido tres millones. Además, pasado un tiempo nos dimos cuenta de que con bastante probabilidad, el primero era el mejor.
Sigo pensando que el mejor amo que he conocido fue el primero, aquel a quien rechacé como sumisa y como pareja y, que a día de hoy, sigue estando ahí, vigilando de cerca mis pasos. Ya no trata de evitar mis caídas. Pero está ahí, con la mano tendida, para cuando mi orgullo se digne a dejar que me levante.
Y es que las comparaciones son odiosas pero...

Lo sabía

Estoy bien; tranquila, en paz (a pesar de estrés) y feliz, muy feliz. Cuando empezó el proceso de duelo sabía que tarde o temprano pasaría. Que la angustia, la incertidumbre, la tristeza, el dolor del abandono y todas las sensaciones y pensamientos negativos quedarían a un lado para irse alejando lentamente, lejos, muy lejos, cada vez más lejos. Yo sabía que un día me sentiría bien y eso me ayudaba a seguir adelante. El proceso de duelo ha sido más intenso y largo de lo que esperaba. Pagué la novatada de mis incursiones en el mundo bdsm, pero he aprendido, mucho. A menudo imaginamos que regresamos atrás en el tiempo sabiendo lo que sabemos ahora y evitamos situaciones que nos hicieron daño, pero aparte de que no son más que elucubraciones y comederos de olla sin fruto alguno, lo cierto es que nunca sabremos "qué hubiera pasado si...". Tal vez no habríamos padecido esa herida, pero sí otra. La experiencia nos enriquece, siempre. Las vivencias nos forman, nos hacen madurar como personas y, una vez atrás, cuando ya no nos hacen ningún daño, colaboran a que nuestras emociones positivas sean aún más plenas.
¿Alguna vez habéis topado con alguien que nunca ha sufrido realmente? ¿Alguna vez habéis conocido a alguien que no conozca el desengaño, la frustración, el sufrimiento, el abandono, la tristeza...? De ser así, habréis topado con una persona sin vida, sin defensas ante el menor revés.

Incido mucho en el tema del duelo porque creo que es importante que cualquier persona que haya pasado o esté pasando por lo mismo que pasé yo tenga presente en todo momento que, aunque parezca mentira, pasará. Los rostros se diluyen en nuestra memoria y aún recordaremos la voz durante mucho tiempo, porque la voz es lo último que se olvida. Y, como sucede con los malos partos, un día la madre olvida el dolor y desea tener otro hijo. Recuerda que le dolió pero pasado un tiempo parece que no fue para tanto. El peligro entonces es volvernos incautos y confiados. Volver a caer.
¿Por qué conociendo las consecuencias y teniendo presente que tarde o temprano todo se acaba volvemos a engancharnos? Cuando nos ilusionamos de nuevo creemos que somos invulnerables y no recordamos las noches sin dormir a lágrima viva, los días sin comer, la impotencia, la desazón, la angustia... ¿Por qué volvemos a caer?
La respuesta es simple. Volvemos a caer porque las personas necesitamos confiar en alguien. Las sumisas volvemos a tener amo porque necesitamos esa sensación de protección, de dominio, de dejarnos caer en brazos de otro y, sobre todo, volvemos a caer porque, mientras dura, nos sentimos de puta madre.
Y cuando vuelva a pasar lo más importante es tener presente que sabemos que un día volveremos a sentirnos bien.
Algunas situaciones vitales se repiten vez tras vez hasta que aprendemos de ellas.
Estoy lista para cerrar los ojos.

viernes, 19 de marzo de 2010

Enfermedad mental

A menudo he encontrado a personas (amos y sumisos sobre todo) preocupados por la posibilidad de estar padeciendo una enfermedad mental, ser etiquetados bajo el título de parafílicos. Lo cierto es que no he conocido amas que se lo planteen ni a sumisas que se lo planteen.
En el bdsm, como en todo, existe una linea o un rango en el que se puede hablar o no de enfermedad mental. Ejemplos se me ocurren a miles: cuidar el propio cuerpo es bueno, pero hay un extremo en el que se puede llegar a la vigorexia y ya no es tan bueno. Comer es bueno y necesario, pero comer compulsivamente puede llegar a convertirse en un problema. Comprobar que todo está en su lugar antes de cerrar la puerta de casa es una buena costumbre; convertir esa costumbre en una serie de rituales que eternizan la hora de salir puede ser síntoma de un trastorno obsesivo-compulsivo.
Existen únicamente dos criterios para que una tendencia bdsm sea catalogada como parafilia, al igual que una tendencia fetichista (por ejemplo) y son: 1. fantasías reiteradas sobre el tema o incluso prácticas durante un periodo de al menos seis meses consecutivos y 2. que estas prácticas o fantasías hagan peligrar claramente la vida personal, social o laboral del sujeto.
A muchas personas que he conocido en este entorno, la práctica del bdsm no sólo no las ha desequilibrado, sino que les ha ayudado a encontrar el equilibrio y a sentirse más felices. Pero lamento no poder decir que se trata de una mayoría. Muchos ya traían a las salas el bocata de casa, principalmente tendencias depresivas y trastornos bipolares y de ansiedad en las sumisas y trastornos obsesivos y trastornos de la personalidad en amos. Muchos que se hacen llamar amos son lamentablemente maltratadores que buscan consentimiento para llevar a cabo el maltrato a niveles físicos y psicológicos que a menudo resultan terribles.
¿Dónde está la linea que hace peligrar nuestra salud mental? ¿En qué momento podemos decir que una práctica nos está haciendo daño?
A menudo veo cierto paralelismo con las drogodependencias. Al principio una droga puede producir satisfacción; cada vez el cuerpo nos pide más niveles de la sustancia para alcanzar el mismo estado (tolerancia) y al final se consume la sustancia no ya para sentirse bien, sino para no sentirse mal (dependencia). Cuando la sustancia desaparece de nuestro alcance nuestra vida se centra en volver a conseguirla (síndrome de abstinencia). En bdsm, lo he observado principalmente en sumisas (que no en sumisos), he podido ver cómo se pasa por esas fases de placer-tolerancia-dependencia y síndrome de abstinencia. En esos casos el bdsm deja de ser una fantasía o una vía de escape o de realización para convertirse en una condena. Lo peor es que sucede sin darse cuenta.
Actualmente estoy trabajando en una investigación para tratar de establecer esas lineas, los criterios para detectarlas y las consecuencias que puede tener a corto, medio y largo plazo.
La investigación sobre bdsm resulta apasionante pero... cuanto más racionalizo sobre el tema, más se reduce mi capacidad de disfrutarlo. He dejado a mi corazón sentado y he puesto a mis lóbulos frontales a trabajar a pleno rendimiento.
¿Daré con un amo interesado en mis investigaciones y dispuesto a apoyarme en ellas?
Aparte de mis actuales trabajos, los que me pagan el alquiler y me llenan la nevera, estoy inmersa en tres vías de investigación-trabajo psicológico. Hoy por hoy casi no puedo pensar en otra cosa. En su fase final, el duelo me ha clavado en la silla del ordenador los huesos del culo. Pensar para no sentir. No sé si esta fase durará mucho pero sí sé que hay algo cierto: dará sus frutos. Ya los ha dado. Ya no siento dolor. Estoy anestesiada. Pero tampoco siento placer ni deseo. Al menos no placer o deseo más allá del trabajo intelectual.
Unos azotes, por favor.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Esto no es una poesía. Es una mierda.

Despertar, ponerme en pie, tomar el teléfono en mis manos y colgar...
y que no estés ahí.
Mirarme al espejo, ver mi cuello desnudo
y que no estés ahí.
Mirar el armario, escoger la ropa
y que no estés ahí.
Tostar el pan, exprimir el zumo, calentar el café
y que no estés ahí.
Sentarme a escribir, la pantalla en blanco
y que no estés ahí.
Pasear entre olivos, buscar varas verdes
y que no estés ahí.
Oler tu sombra, rastrear tu nombre, verte
y que no estés ahí.
La palabra al borde de los labios, contener la palabra,
salvar el orgullo para que no estés ahí.
Abrir el cajón de mis secretos, mirarlo y cerrarlo
y que no estés ahí.
De noche los huecos de siempre, oscuros, inmensos
el sueño no llega
y no estás ahí.
Recordarte y echarte de menos.
Despertar y echarte de menos.
Pasear y echarte de menos.
No dormir y echarte de menos.
Odiarte y echarte de menos.
Valorarte y echarte de menos.
Estar triste y echarte de menos.
Acumular orgullo y echarte de menos.
Alejarme y echarte de menos.
Despreciarte y echarte de menos.
Engañarme y creer que te he arrancado
y decir (y mentir) que no te echo de menos.
Listar todo lo que odio de ti
y no obstante, me cago en la puta,
echarte de menos.
Ser invisible y que no me veas, porque no me miras.
Ser muda y que no me oigas, porque no me escuchas.
Ser incorporea y que no me toques, porque no me sientes.
Ser insípida y que no me saborees porque no te gusto.
Y al tiempo verte, escucharte, querer olerte, lamerte, tocarte
y echarte de menos
a ti
que no estás ahí.
Nunca he sido tan tuya como ahora
cuando ya no te quiero a mi lado
cuando ya no me quiero a tus pies
cuando yo tampoco estoy ahí
y no obstante, me cago en la puta,
te echo de menos.

martes, 9 de marzo de 2010

Sumisa virgen

A estas alturas de la película resulta curioso que, a nivel de experiencia personal en torno al mundo BDSM pueda hablar poco más que de duelo. Resulta casi ridículo que desde que regresé a ello tras una parada de cinco años (o seis, o siete), la suma es de dos meses de "búsqueda" o más bien "disposición a ser encontrada", 3 meses de collar vacío (que es una suerte de punto intermedio entre ser y no-ser), un mes de "ahora sí, ahora no", y tres meses de duelo-superación-altibajos-cabraloca... en fin. Total 9 meses para parir un pedo que, al igual que un embarazo trajeron a mi vida mucho desconcierto, mucha incertidumbre, mucha ilusión, mucho notar pataditas donde sólo había gases, mucha hormona revolucionada, muchos cambios de humor y de peso y mucho dolor para llorar demasiado (soy de la opinión de que siempre se llora demasiado) por una criatura que no llegó a nacer.
Y es que el ayer mismo una sabia mujer, que además de sabia resulta ser buena persona, muy inteligente, muy hermosa y con gran sentido del humor (sí, sí, hablo de ti so petarda) me preguntó "¿Alguna vez llevaste su collar, el collar completo?" y yo... "pues no, sólo el collar vacío"... "Ah, pues entonces nunca fuiste suya, sólo estabas a prueba para ver si te quería a su lado o no, pero nunca has sido su sumisa"... con lo cual me quedé un poco perpleja más que nada por la intensidad con la que lo he vivido todo para que al final nisiquiera tenga un muerto al que llorar. Así que oposité y suspendí, ni plaza ni bolsa. Puedo decir que he tenido contadas experiencias en real (me sobran dos dedos de una mano), algunas sensaciones intensas agradables, algunas sensaciones intensas desagradables, un alto nivel de enganche-dependencia, varias semanas de depresión ansiosa, cicatrices de abandono y algunos recuerdos que me hacen reir y, por cierto, ni una puta foto (que tenía yo ganas de conservar mi foto de bondage super guapo que me hicieron y unas cuantas fotos más).
Si ya por entonces tenía problemas con la organización de mi tiempo, no digamos ahora, que si bien cuando no tienes amo el tiempo se crece en progresión aritmética, la lista de tareas pendientes urgentes e importantes lo hace en progresión geométrica y al final me agobio, me saturo y me bloqueo, me agota el estrés pero no soy nada pero nada productiva. De hecho, las primeras semanas sin amo me costaron tal caída de rendimiento que vi de cerca peligrar hasta mi puesto de trabajo... un lujo que, dados los tiempos en que nos vemos inmersos, no me podía permitir teniendo una boca que alimentar y ya me veía yo ofreciéndome a uno de esos amos que buscan puta-chacha y te "solucionan-arruinan" la vida para siempre.
Madrugo mucho, trasnocho más, apenas chateo y cada media noche me pregunto al reorganizar mi agenda a dónde se me escaparon las horas.
Recuerdo que todo empezó justo con ese tema. Empezaba el verano y yo pasé por una gripe espantosa que me tuvo unos días recluída en casa sin poder ver a nadie ni estar con mi hijo. La gripe se acompañaba de un intenso dolor muscular que me acabó escupiendo sobre la camilla de un fisioterapeuta que me crujió las tabas y de paso me crujió también 300 rostros de rey. Desde la soledad más profunda y puta, el dolor intenso y el tiempo sobrado era incapaz de mantenerme por más de unos minutos realizando la misma tarea y todo lo dejaba a medias. Entonces apareció mi ciber-amo para domarme en lo referente a autodisciplina y así sucedió que él me distribuía las tareas y me organizaba la vida y me motivaba con interesantes cibersesiones e intensos y largos orgasmos (y he de reconocer que era bueno, muy bueno. Tenía mucha imaginación y me hacía sentir muy a gusto conmigo misma). Pero pasadas unas semanas se convirtió en un poderoso elemento distractor que acabó desajustando mis horarios de sueño. Llegaba a las clases de conducir distraída, dormida... y más de una noche me acosté a las miles porque me decía "espérame" y pasaban las horas y no llegaba.
Y fue en una de esas largas esperas cuando llevada por el aburrimiento, la curiosidad y el enojo... y también la decepción, comencé a entrar en nuevos canales para aprender cosas nuevas y conocer a otras personas. Y en una de esas conocí a mi "amo" (ahora que sé que no fue mi amo porque no tuve nunca su collar no sé cómo carajo llamarle; esto de querer hablar con propiedad es todo un reto). Acudí a él porque además de un amo experimentado me pareció serio, coherente, inteligente y hasta buena persona y a él le expuse mis dudas respecto al amo que tenía. Hoy por hoy creo que hubiera dejado a mi ciber-amo más pronto o más tarde por razones mil que ya le expuse en su día y que ahora me da fatiga volver a exponer. Pero lo cierto es que fue más pronto por ese empujoncito que mi "amo" me dio. Días después le conocí en persona con la firme intención de conocerle y punto pelota porque tenía muy claro, o eso me pareció, lo que no quería: no quería un amo de a tomar por culo MariPaqui; no quería un amo que ya tuviera otra u otras sumisas (mi ciber-amo las tenía); no quería salir de Málaga para meterme en Malagón y no quería tener amo, no quería, no quería y no quería... horas después arrodillada a sus pies en "mi posición" le llamé "mi amo" de un modo absolutamente espontaneo para su satisfacción y para mi absoluto desconcierto. Estoy harta de decir que formular nuestros deseos en función de lo que no queremos no funciona jamás y de hecho, atraemos aquello que más tememos o negamos. No sé por qué pero sucede.
Ahora no me sé currar mi tiempo y mi libertad y los fines de semana se me pasan generalmente sin pena ni gloria. Vale que tengo un amante, un poco menos a tomar por culo pero a tomar por culo también, que de cuando en cuando me contenta y me hace la vida agradable. Pero que voy con mi nudillo de estrés cuando voy y nada más venirme se me vuelve a montar y me da hasta palo el tiempo que me tomo para hacer cualquier cosa diferente a trabajar-estudiar-estar con mi hijo, y eso incluye todo, todo y todo lo demás: tomar unas cervezas, echar un kiki, quitarme las durezas de los pies (de aquí a poco podría prescindir de calzado), cuidarme las uñas (que tienen restos de esmalte del mes pasado), depilarme, maquillarme o retomar mis viejas aficciones (la lectura de algo que no sean libros de ensayo, revistas científicas o libros muy muy gordos sobre modificación de conducta y similar; el punto de cruz; el dibujo; la escritura; la natación; el footing; el cine; los paseos, las excursiones, las ONGs, los trabajos manuales etc).
¿Seré capaz de ser y estar íntegra, completa y feliz sin un amo? Y cuando sea lo que quiero ser y esté como quiero estar... ¿Para qué coño quiero un amo?. Ahora mismo no tengo tiempo para amos; lo tendría si un amo me organizara el tiempo. Pero si organizo mi tiempo para tener un amo ¿Para qué quiero un amo que organice mi tiempo? ¿Y para qué coño me hago tantas preguntas si luego las cosas suceden más allá de lo que hemos planeado y sobre todo más allá de lo que hemos planeado que no sucederá?
Tengo la sensación de regreso a mi punto de partida; sin dolor muscular y sin tiempo sobrado pero es como si nunca hubiera sucedido nada. Como si me hubiera tocado la lotería y me lo hubiera fundido todo en pocas semanas y me viera con el mismo saldo en la cuenta de siempre. Si me fijo sólo en lo que me queda, es como si nada hubiera pasado. Vuelvo a ser una sumisa virgen sin experiencia que no sabe lo que quiere. Nada tenía, nada tengo. Pero hay una triste diferencia. Antes, cuando no tenía nada, me sentía como mucho "incompleta". Ahora, que nada tengo, me siento vacía.

martes, 2 de marzo de 2010

Sin título

Harta, cansada, hastiada de sentir que todo se mira con lupa y sacapuntas en mano. Con la sensación de sentir que nada cambia, que todo sigue lo mismo: mi empeño en expresarme tal como siento y el empeño de otros en interpretarme como les viene en gana. La sensación de estar siendo castigada sin ser sumisa; juzgada y condenada y casi nunca comprendida... no escribo este blog por ni para nadie. Si admitiera censura externa, más me valdría no escribirlo pero... todo cuanto escribo tiene un precio y todo tiene un sentido (casi nunca el que se le da). ¿De qué sirve la expresión sin el entendimiento? ¿Por qué esa fijación en las lineas que podrían considerarse "menos oportunas"? O yo no sé escribir, o los otros no me saben leer. No debería importarme, pero me importa. Y por eso, por eso mismo, estoy por mandarlo todo a tomar por culo. Me agota esta impresión constante de cara diana donde andar tirando dardos. Me cansa ese empeño en sentirse identificado con todo lo que digo. Me harta la sobreinterpretación, la sobrecondena y el sobreaplastamiento y, sinceramente, estoy agotada.
Esta noche me va a doler un poco más que otras ir a dormir. Pero debo hacerlo... tengo una cita con la comunidad de vampiros de la seguridad social...
Odio que me importe. Odio este sinsentido. Soy de cristal esta noche y, como siempre, ya hubo quien se encargó de romperme un poco...
Estoy muy harta, muy triste, muy cansada, muy decepcionada, muy enfadada, muy rota, a fin de cuentas. Esta noche no es muy diferente a una de tantas en las que se me suponía feliz y orgullosa de lucir un collar. Siento casi las mismas cosas. Con la salvedad de que esta noche no siento ni el deseo ni la necesidad de arreglar nada.
Lo estoy pasando mal.

lunes, 1 de marzo de 2010

El buen amo

El buen amo sabe reconocer los logros de una sumisa y le felicita por ellos, porque la sumisa necesita continuamente del estímulo, el aliento y la motivación para seguir adelante.
El buen amo evita (fuera de juegos y sesiones) las burlas y ridiculaciones, más aún las descalificaciones, porque el buen amo sabe que la crítica _una actividad con la que se adquiere "importancia" a bajo precio_ es propia de quien es débil por naturaleza e ignorante por pereza. Porque sólo el débil ataca al más débil y sólo el ignorante desconoce que la crítica hiere.
El amo busca la verdad, la autenticidad y el respeto y por ello sus respuestas son siempre sinceras, sin ampararse en hipócritas y falsos proteccionismos que causan, a medio plazo _si no a corto plazo_ más dolor a su sumisa.
El buen amo no tiene inconveniente en reconocer sus errores y admitir sus equivocaciones, de la misma forma que sabe señalar, con tacto y en su debido momento las ajenas, sin humillar jamás (más allá de juegos y sesiones)
El buen amo es sereno y reflexiona a la hora de tomar decisiones o de establecer compromisos, pero no vacila a la hora de cumplirlos ni es preso de prontos y arrebatos ni de escusas baratas.
El amo, el buen amo, no es colérico ni se deja llevar por la ira, no comete injusticias ni actúa sin pensar. El buen amo es calmado y tolerante y sabe medir las consecuencias de sus actos. El buen amo no abandona a su sumisa si la ve rota. El buen amo no genera en su sumisa dolor e incertidumbre y la manda luego a dormir.
El buen amo es comprensivo y compasivo, porque reconoce las necesidades e intereses de la sumisa y por eso llega armado de paciencia, calma, dulzura y amabilidad.
El amo, el buen amo, se toma las cosas con calma y siempre piensa dos veces antes de hablar o de actuar porque sabe que algunas cosas son irrevocables (la palabra dicha, la promesa hecha y el tiempo perdido).
El buen amo respeta las diferencias de criterio, pero busca un consenso a través del respeto, el diálogo y la tolerancia porque, el buen amo, no teme ser tolerante.
El buen amo no regatea esfuerzos y no escatima tiempo. El buen amo no espera logros a corto plazo pero sabe a su sumisa como buena inversión de futuro. Por eso, el buen amo tiene paciencia.
El buen amo no sobreprotege, no ignora ni asfixia la personalidad de la sumisa. El buen amo sabe guiar a su sumisa y sabe someter educando, no haciéndose temer por la amenaza del castigo, la ignorancia o el abandono.
Un buen amo es flexible, entusiasta y confiado.
El buen amo no tolera caprichos y tonterías pero menos aún se las permite a sí mismo. El buen amo es coherente y enseña a su sumisa de esa coherencia a través del ejemplo.
Si el buen amo impone normas, nunca son arbitrarias y será el primero en no saltárselas.
El buen amo se apresura a resolver los conflictos y lo hace del modo más eficaz posible, es decir, de manera serena y reflexiva, utilizando el diálogo y argumentos racionales y siendo él mismo quien lo resuelve y no delegando el asunto en manos de terceros (otras sumisas, si las hubiere). El amo que permite que otras sumisas alimenten conflictos, vayan de correveydile, generen en su sumisa dudas, desconfianza y dolor, debería plantearse muy seriamente si tiene la capacidad intelectual y emocional suficientes como para tener un harén.
El buen amo es discreto y sabe guardar secretos, por eso inspira siempre confianza. Y si una sumisa mantiene con él una serie de confidencias íntimas y el amo tiene intención de transmitírselo a sus otras sumisas, debería advertírselo y evitar que estas confidencias generen malentendidos y conflictos innecesarios entre ellas. El buen amo sabe evitar el dolor gratuíto, o al menos lo intenta.
El buen amo sabe que no puede pedir más allá de lo que él da y no exige a su sumisa cualidades de las que carece. El buen amo sabe escuchar y apreciar a su sumisa. No juzga, estima. No critica, evalúa. No calcula, valora.
El buen amo ve a su sumisa como un regalo no como una carga. Un buen amo espera lo mejor, pero no la perfección. Y, por último, un buen amo no necesita exigir entrega: sabe ganarla. El buen amo ha de exigir en consecuencia y no espera que su sumisa le adore por ciencia infusa.
Dicho esto... si a alguien le pica, que se rasque el culo.

Tercer encuentro

Llegué mucho antes que mi amo a la estación. Para empezar, olvidé avisarle que estaba llegando. En el camino iba nerviosa y me comí los dedos y arañé el esmalte de uñas. Así que llegué con los dedos sangrados y las uñas comidas. Luego decidí por mí misma esperarle en un lugar distinto al que habíamos quedado, ya que me pareció un sitio más cómodo y atractivo y esperé su perdida con maleta en mano, fumando mucho más en 40 minutos de lo que me estaría permitido en un día entero.
Su recibimiento fue frío, me dió dos besos con un suspiro helado y me ayudó a cargar la pesada maleta en el maletero. Decidí esperar que se le pasara tratando de no hablar de más para no meter la pata (mi especialidad).
En el camino me quité el cinturón de seguridad para quitarme el vestido de punto y lucir el de lycra roja que llevaba debajo. En el camino puse mi mano en su entrepierna y abrí las mías y su enfado pasó rápidamente (o eso me dejó creer).
Paramos en un bar y pidió sendas tapas. No le gusta que me haga de rogar cuando me dice "come" y comí sin rechistar, a sabiendas de que sólo eran tapas y después vendría un plato fuerte. Como siempre, reparó en mi delgadez, pero dejó el tema para más tarde.
Al llegar a casa nos pusimos cómodos, servimos la mesa, comimos bien y luego se ausentó unos minutos, que yo aproveché para cambiar mis medias de nylon por un conjunto de rejilla agujereado muy bonito y mis botas planas por unas botas de tacón. Cuando regresó le esperaba junto a la chimenea, exhibiendo el conjunto que lucía bien bonito y que me hacía sentir tan hermosa. Mi amo, que sabe de mis complejos y autoexigencias en torno a mi cuerpo, no escatimó en halagos y me advirtió que sería lento y tierno, en parte porque ambos estábamos físicamente muy cansados de toda la semana, en parte porque sabía de mi necesidad de ternura y en parte porque después de mi última visita al ginecólogo temía abrir la herida (que a pesar de todo se abrió más tarde). Mi amo se empeñó en labrar mi paciencia y aguantarme las ganas, alejándose cuando lo creía conveniente para aumentar mi deseo y prolongar el placer. Comprobó que tenía mi coñito arreglado como a él le gusta (todo lo contrario a lo que le gustaba al anterior amo, también lo hacía para probar ese desligue) y me obligó a acariciarlo en su presencia, lamiendo de cuando en cuando mis dedos para humedecerlos.
Llevé el traje de mallas tanto tiempo como él quiso y luego me dejó medio enganada hasta la noche. Eligió el descanso y rehuyó mis caricias porque vio necesario que yo descansara, ya que el insomnio y el exceso de trabajo habían hecho estragos conmigo.
Pasamos la noche bajo la tormenta huracanada que destrozó medio tejado. Vigilamos la chimenea, sostuvimos la puerta, cerramos las ventanas y nos quedamos aislados (ni televisión, ni teléfono, ni internet...). Cuando amainó el viento tocó la guitarra hasta que me quedé dormida a su lado (algo que no le sentó muy bien).
Al día siguiente me hizo subir al tejado y vencer mi miedo. Mi amo siempre me quita un miedo cuando voy, una manía que tiene como otra cualquiera. Me obligó a tener los pies en paralelo y quitarme las bragas, mientras arreglábamos las tejas descolocadas y quitábamos las tejas rotas y luego me dejó de pie y sola un buen rato, bajo el sol, mirando el horizonte y totalmente quieta.
Después de aquello se fue a hacer unas gestiones y me dejó sola en casa. Recogí, limpié la casa y me puse a trabajar hasta que llegó. Después de comer, esta vez, no me dejó dormir la siesta. Pasé de rodillas y a cuatro patas buena parte de la tarde, también apoyada en la chimenea con el culo al aire... no entraré en más detalles.
Hablamos mucho, muchísimo. También estuve un buen rato escuchándole tocar, con mi bata de terciopelo abierta y el cinturón por corbata y las piernas entreabiertas para que me mirara mientras tocaba.
Convencido estaba de que teníamos la suerte de estar juntos porque "no han sabido verte, no han sabido mirarte, no han sabido tratarte". Me hizo sentir hermosa. Me hizo sentirme amada y me hizo sentir importante para él. No accedió a azotes ni a sesión dura porque, a su juicio, no estoy en condiciones de soportarlo y para eso tengo que tener un peso "x" (eso me suena de antes). Un peso que, hoy por hoy, no tengo la menor intención de adquirir. Aunque creo que eso depende de mí mucho menos de lo que parece, mi cuerpo tiene su propio criterio.
La despedida fue fría y extraña. Me regaló unos coches de juguete para mi hijo y nos prometimos que no pasaría tanto tiempo hasta el próximo encuentro. Por el camino tuvo a bien escucharme, era la primera vez que lo hacía de verdad y sentí que verdaderamente tiene la intención de que esto funcione.
En nuestros encuentros le llamo "mi amo" cuando él me lo pide y él me llama "su puta" cuando le place. Fuera de eso, es sólo (y es nada más y nada menos) algo que nace, algo que se afianza, algo posible. Pero también sé que tenemos los días contados. Hasta ahora él también lo sabía, pero me pregunto, después de este último encuentro, si él es tan consciente como yo de que esta historia, si bien hermosa, está condenada a ser breve.

martes, 23 de febrero de 2010

Mi cuerpo

Recuerdo una observación que hice hablando con un amigo cuando le comentaba sobre mi relación con Txiria y compañía. Fue cuando Txiria observó mi delgadez y me ordenó engordar cuando curiosamente enfermé y empecé a adelgazar a lo bestia. Llegué a pesar 45 kgs. Hoy por hoy peso 49 kgs. Era una especie de rebelión. Fue cuando Txiria comentó que mi cuerpo no le gustaba especialmente cuando empecé a observarme con más detenimiento. Ahora me contemplo frente al espejo y lo cierto es que este cuerpo mío que tantos comentarios de menosprecio ha recibido en los últimos meses me parece precioso, a mi y a quien tiene la fortuna (sí, fortuna) de contemplarlo. A pesar del descuido e ignorancia habituales a los que lo tengo sometido y al maltrato que le doy en cuanto a alimentación, falta de ejercicio, hacerle pasar frío... sigue siendo agradecido. Me gusta mi cuerpo cuando lo miro: mis pechos jóvenes aún, mis pezones de adolescente, mi vientre liso... el culo caído, pero bueno, en conjunto mi cuerpo es bonito y me gusta. Debería ponerle un poco de más cuidado, a fin de cuentas, sólo tengo este.
Me pregunto si tengo un problema cuando me gusta un cuerpo que sé que a la mayoría le resulta delgado en exceso, si no me estoy dejando llevar por los cánones de moda y me preocupa la incipiente tripita, esa que yo veo y que no ve nadie más y me alegro cuando una prenda que compré hace dos semanas porque todo me quedaba grande, se me queda grande también y me apena no caber en unos pantalones en los que no recuerdo haber cabido nunca. Me pregunto si no tengo un problema cuando me preocupa más el rechazo que la aprobación, el rechazo de personas que apenas conozco o que no conozco ni me importan. Me pregunto si acaso no estoy prestando demasiada atención a mi cuerpo para olvidar problemas reales, o verdaderos rechazos no sobre mi cintura, sino sobre mi persona. Yo creo que no me pesan los kilos. Creo que me pesa el orgullo desmedido, los recuerdos encadenados y el intento de hacer lo contrario a lo que tiempo atrás hubiera sido la satisfacción de otro. Creo que a veces no me mueve la búsqueda hacia algo que deseo, sino la huída de algo que no deseo. Siempre he dicho que cuando te mueves en dirección opuesta a lo que temes, en lugar de en dirección a aquello que deseas, te estás moviendo mal, estás basando tu vida en un error de conceptos. No podemos dirigirnos hacia "no algo". Es importante tenerlo presente.
No tengo muy claro cual es mi deseo en torno al mundo bdsm. Mis escasas experiencias han resultado una catástrofe para mi autoestima y me han dejado mucho más dolor del que esperaba y, si soy sincera conmigo misma, creo que mucho más dolor del que merecen. Y este cuerpo mío, que hoy por hoy nadie toca, nadie mira, nadie disfruta, parece estar movido por la inercia de ser lo contrario al deseo de otro, del último otro que lo usó para su goce (y, seamos honestos, también para el mío).
Me entristece mirarlo, verlo tan hermoso, saber que estas formas tienen los días contados y que nadie más lo mire, que nadie más lo toque, que nadie más lo goce, que nadie más lo use. Me entristece y me asusta pensar que mi cuerpo es como una de esas flores hermosas que crecen en el interior de una gruta sin que nadie más las vea, como una muestra de que la belleza es gratuíta y existe más allá de la contemplación ajena.
Pero cuando se me acerca un presumible observador, catador, amo, amante... pretendiente... me las apaño para seguir manteniendo oculto este tesoro, este templo. A lo mejor porque me resulta insoportable la idea de volver a escuchar un juicio que suene a rechazo o menosprecio.
Lo que aprendemos durante nuestra infancia y primera adolescencia se nos queda grabado a fuego y cincel. Yo fui un patito feo, dulce pero feo. Ahora no soy un bello cisne, pero soy igual de antipática.
Al próximo que le ponga fallos a mi cuerpo le meto los cojones en la máquina del zumo y le hago beber su propia leche.