viernes, 19 de marzo de 2010

Enfermedad mental

A menudo he encontrado a personas (amos y sumisos sobre todo) preocupados por la posibilidad de estar padeciendo una enfermedad mental, ser etiquetados bajo el título de parafílicos. Lo cierto es que no he conocido amas que se lo planteen ni a sumisas que se lo planteen.
En el bdsm, como en todo, existe una linea o un rango en el que se puede hablar o no de enfermedad mental. Ejemplos se me ocurren a miles: cuidar el propio cuerpo es bueno, pero hay un extremo en el que se puede llegar a la vigorexia y ya no es tan bueno. Comer es bueno y necesario, pero comer compulsivamente puede llegar a convertirse en un problema. Comprobar que todo está en su lugar antes de cerrar la puerta de casa es una buena costumbre; convertir esa costumbre en una serie de rituales que eternizan la hora de salir puede ser síntoma de un trastorno obsesivo-compulsivo.
Existen únicamente dos criterios para que una tendencia bdsm sea catalogada como parafilia, al igual que una tendencia fetichista (por ejemplo) y son: 1. fantasías reiteradas sobre el tema o incluso prácticas durante un periodo de al menos seis meses consecutivos y 2. que estas prácticas o fantasías hagan peligrar claramente la vida personal, social o laboral del sujeto.
A muchas personas que he conocido en este entorno, la práctica del bdsm no sólo no las ha desequilibrado, sino que les ha ayudado a encontrar el equilibrio y a sentirse más felices. Pero lamento no poder decir que se trata de una mayoría. Muchos ya traían a las salas el bocata de casa, principalmente tendencias depresivas y trastornos bipolares y de ansiedad en las sumisas y trastornos obsesivos y trastornos de la personalidad en amos. Muchos que se hacen llamar amos son lamentablemente maltratadores que buscan consentimiento para llevar a cabo el maltrato a niveles físicos y psicológicos que a menudo resultan terribles.
¿Dónde está la linea que hace peligrar nuestra salud mental? ¿En qué momento podemos decir que una práctica nos está haciendo daño?
A menudo veo cierto paralelismo con las drogodependencias. Al principio una droga puede producir satisfacción; cada vez el cuerpo nos pide más niveles de la sustancia para alcanzar el mismo estado (tolerancia) y al final se consume la sustancia no ya para sentirse bien, sino para no sentirse mal (dependencia). Cuando la sustancia desaparece de nuestro alcance nuestra vida se centra en volver a conseguirla (síndrome de abstinencia). En bdsm, lo he observado principalmente en sumisas (que no en sumisos), he podido ver cómo se pasa por esas fases de placer-tolerancia-dependencia y síndrome de abstinencia. En esos casos el bdsm deja de ser una fantasía o una vía de escape o de realización para convertirse en una condena. Lo peor es que sucede sin darse cuenta.
Actualmente estoy trabajando en una investigación para tratar de establecer esas lineas, los criterios para detectarlas y las consecuencias que puede tener a corto, medio y largo plazo.
La investigación sobre bdsm resulta apasionante pero... cuanto más racionalizo sobre el tema, más se reduce mi capacidad de disfrutarlo. He dejado a mi corazón sentado y he puesto a mis lóbulos frontales a trabajar a pleno rendimiento.
¿Daré con un amo interesado en mis investigaciones y dispuesto a apoyarme en ellas?
Aparte de mis actuales trabajos, los que me pagan el alquiler y me llenan la nevera, estoy inmersa en tres vías de investigación-trabajo psicológico. Hoy por hoy casi no puedo pensar en otra cosa. En su fase final, el duelo me ha clavado en la silla del ordenador los huesos del culo. Pensar para no sentir. No sé si esta fase durará mucho pero sí sé que hay algo cierto: dará sus frutos. Ya los ha dado. Ya no siento dolor. Estoy anestesiada. Pero tampoco siento placer ni deseo. Al menos no placer o deseo más allá del trabajo intelectual.
Unos azotes, por favor.

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