miércoles, 28 de abril de 2010

De rama en rama como los monos.

Al igual que Javier Urra, en su libro "El pequeño dictador", considero que "la empatía es el gran antídoto de la violencia". Esto es así no sólo de la violencia a gran escala, sino a escala menor, a nuestras relaciones cotidianas, especialmente con las personas que queremos. Si lo tuviéramos presente haríamos menos daño con nuestras palabras y también nos dolerían menos las palabras de los otros.
Últimamente veo poca televisión. Estoy demasiado ocupada y me da como cargo de conciencia tumbarme pasivamente frente a ella. He retomado mis visitas a la biblioteca, paso más tiempo con mi hijo y visito blogs o navego al azar. Tampoco me conecto más de 15 minutos seguidos al IRC. Tanto la televisión como el IRC suelen ponerme de mal humor. Observo una curiosa contradicción entre los participantes. Por un lado, su imperiosa necesidad de comunicar lo que piensan, sea lo que sea, como si sus pensamientos fueran a pudrirse dentro de sus sesos de un momento a otro. Por otro lado, una preocupante tendencia al juicio descarado, a la crítica destructiva, a la palabra desmedida y malitencionada unida a una excesiva pejiguería, a tomarlo todo como una ofensa aunque no lo sea. Acusaciones cruzadas que convierten un instante distendido en un campo de batalla en cuestión de segundos.
El ofensor a menudo ignora que ha ofendido y muy a menudo no ha ofendido, pero ha recibido una respuesta agresiva a una agresión que en realidad no ha tenido lugar. Es de locos.
A menudo recuerdo las feroces críticas que recibí en mi otro blog hace mucho tiempo de un tal Juanma Medina, un gran bloguero muy seguido porque escribe de puta madre. El desencadenante fue una entrada de Cuadernos del año 2005. Yo me ofendí muchísimo por lo que me decía, más por las formas que por el fondo. Me sorprendió mucho ese modo tan agresivo y soberbio de dirigirse a mí, dado que es una persona muy capaz de comunicar con bastante más clase y elegancia. Su blog es una crítica fresca y ácida de todo lo que observa. Similar al toque que pretendía dar a mi blog hace un tiempo. Vamos, que "puta" fue lo más bonito que me dijo. Nunca justificaré las formas, pero no tardé en comprender el fondo... que me voy por las ramas.
ES cierto que a menudo so descarnada en mi blog muestro una carencia total de empatía hacia las emociones de un lector que puede sentirse directa o indirectamente identificado. Y no so quién para ofenderme si el otro no se molesta en leer entre lineas o no le importa el efecto que producen en mí sus palabras.
No por eso voy a cortarme un pelo. Dado que los lectores "ofendidos" se despachan a gusto en sus respectivos blogs, directamente conmigo o me castigan con su ignorancia y su silencio como si una fuera lo peor de lo peor... puede que lo sea, pero no entraré en detalles. Yo por mi parte considero que si mi intención fuera la ofensa lo haría con mayor ferocidad y daría rienda suelta a mi tendencia al sarcasmo; algo que hago, por supuesto, en entradas que se guardan como borradores. Pero eso es otro tema también y vuelvo a irme por las ramas.
Decía que no pienso cortarme un pelo... ya me corté aer todos los que me sobraban :P. Mis emociones e impresiones son las que son sería muy hipócrita si me mostrara como una beata sin ápice de maldad. Pero si yo tengo mis razones para expresar lo que expreso el otro tiene derecho a interpretarme como le salga de las vísceras y yo el derecho posterior de considerarle y tratarle en consecuencia.
No lamento lo que digo y no puedo lamentar lo que pienso.

"Somos mucho más de lo que pensamos. A menudo somos todo lo contrario de lo que pensamos" (Eva BAch y Pere DArder). Añadiendo que a menudo somos lo contrario de lo que los demás piensan y los demás lo contrario de lo que nosotros pensamos de ellos.
Estoy muy cansaíca de los patios de colegio. Hasta los cojones de patios de cole estoy. Pero no ya de los que se ofenden o no se ofenden, o los que dejan de hablarme por sus razones, poderosas para ellos aunque para mí sean estúpidas. Es cuestión de puntos de vista. Si tú piensas que yo soy lo peor y yo pienso que tú eres lo peor, uno de los dos está equivocado... yo no... :P (nota para bobos: interprétese icono gestual de dos puntitos P como comentario realizado en tono de broma, aunque esté hablando de algo muy serio... o de una gilipollez, según quién lo lea).
El ser humano es complejo per se. No me vanaglorio de considerarme más compleja que la mayoría de las personas que conozco probablemetne no es un hecho, sino una pequeña muestra de mi vanidad desmedida. No obstante he podido observar que la mayoría de conflictos no resueltos que he tenido tenían como base esa diferencia de complejidad: el otro demasiado simple como para comprenderme o yo demasiado compleja para hacerme comprender y demasiado orgullosa como para "rebajarme" a su nivel.
Reparo de más en las personas que me atacan o deciden darme la espalda porque no acabo de asumir una realidad irrefutable: NO PUEDO CAERLE BIEN A TODO EL MUNDO, es más NO TODO EL MUNDO PUEDE CAERME BIEN A MÍ.
Creo que es ahí donde radica esencialmente el germen de mi personalidad sumisa: centrar toda su energía, o la maor parte, en ser el objeto de deseo de uno y preocuparme sólo de lo que ese uno piense de mí y centrar mi ansia de agradar complacer en la persona elegida. De ahí el disparo de energía que supuso para mí ser sumisa. Todo era mucho más sencillo.
Ahora puedo comprender también lo que puede suponer para un amo tener varios sumisos (además de un quemadero de olla permanente): ser el único para más de uno.
Pero hay algo que no acierto a comprender pese a (o tal vez a causa de ) mi experiencia. ¿Por qué una sumisa que necesita ser "la posesión más preciada" de alguien accede a ser la segunda, tercera, n... en discordia? Cuando llegas la última a sabiendas de que jamás serás l aprimera tienes que centrar tu energía en agradar no a uno, sino a tres, que no eres ni serás su posesión más preciada sino que estarás permanentemente relegada a un segundo, tercer o quién sabe qué plano resulta tan complicado no ya agradar a todo el mundo, sino no desagradar a nadie...
Así que lanzo desde la última rama la cuestión:
¿Qué aporta a una sumisa llegar la última a la vida de un amo para estar sometida a él y al resto del harén? ¿Por qué una sumisa accede a esta posición? Porque yo lo hice. Pero no lo entiendo... puede que por eso esté donde estoy.
(Me cago en la "y" y en su puta madre)
Luego si las cosas van mal (no conozco ningún caso en el que vayan bien) la sumisa abandonada o abandontante se queda sola mientras los demás se siguen teniendo los unos a los otros. La segunda, tercera, n... sumisa tiene mucho que perder... ¿cuánto que ganar?.
"Lo que hace bruma en las personas es el silencio despectivo, la indiferencia acusadora, el comentario procaz que se suelta como un escupitajo de rana aburrida"
"Da repelús escuchar todos los b arros que tienen algunas bocas..."
"Pero me encuentro buscando todavía porque en definitiva soy un capullo" (todas de Juan del Carmen Expósito.
"Los comportamientos surrealistas nos convierten en seres de lo absurdo" (José María Hermoso)

martes, 27 de abril de 2010

RAS RAS

Será porque voy menos de seis veces al año. Será porque cuando voy me siento bien, me dejo mimar, me relajo. Será porque concentro mis ojos en mi imagen viendo cómo se transforma poco a poco en algo diferente. Será porque siempre salgo más guapa que cuando entré. Lo cierto es que para mí ir a la peluquería a cortarme el pelo siempre cobra un significado mágico, con el cariz de un ritual de iniciación-terminación de algo. Nunca pido cita. Respondo a un impulso. Un buen día paso junto a una peluquería entro y digo "quiero cortarme el pelo". No pido nada en especial. "Como tú quieras..." _me aventuro_; a fin de cuentas, una peluquería es un sitio donde una dice cómo quiere el pelo y luego le hacen lo que les da la gana.
A pesar de mis conocimientos mágicos, ignoro siempre las fases lunares _mal hecho_. Lo único importante es que respondo al impulso aparentemente simple pero poderoso de hacerlo.
Cada caída de mechón es la caída de un recuerdo, de un vínculo, de una emoción ligada a acontecimientos poco agradables... o tal vez agradables pero que por pertenecer al pasado producen dolor al recordarlos.
Para mí es todo un ritual. Casi me da rabia haberlo hecho tan tarde. Pasados ya cuatro meses, más tiempo del que duró... y lo peor es que el corte de pelo no garantiza nada. Sólo la voluntad de no arrastrar el pasado; sólo la intención de abandonarse a lo venidero.
Sigo sin comprender muchas cosas. Me sigo sintiendo indefensa frente a las contradicciones. Hoy me zumbaban aquellos recuerdos en la cabeza no sé a cuento de qué ni por qué. Amanecí preguntándome por la clase de mecanismos que me transforman en una mujer insoportable, no querible, no adorable, no domable...
Pero todo eso va a cambiar porque hoy me corté el pelo. Renuncio definitivamente a la idea de añorarte.
Nunca fui más sumisa que cuando dejé de serlo y seguí contemplando a mi amo y mis hermanas desde la sombra. No era placentero, no había goce; pero tampoco tenía otra elección. La pertenencia es un acto tan trascendente que va mucho más allá del gesto simbólico. Más allá de la entrega física de un collar. Más allá de asimilar mentalmente los hechos. Más allá de la búsqueda racional de todas las respuestas.
Mi entrega fue mucho más profunda de lo que nunca quise admitir, mucho más honda de lo que transmití. No encontré la vía para transmitir la emoción que va del corazón al gesto oportuno, la palabra precisa. Siempre sucedía lo contrario a lo que debía suceder. Me equivocaba porque el miedo me impedía dejar que mi corazón hablara. Me equivocaba porque tenía miedo. Y el miedo no es un buen tom-tom.
Asumiendo racionalmente el final desde el primer momento, incluso mucho antes de que el verdadero final llegara, discurría en paralelo otro curso que se negaba a conocer otro mar.
Hace mucho tiempo que creo que no regresaría a su lado por más que sintiera el deseo de hacerlo. Hace mucho que afirmo rotundamente que tal deseo no existe. Pero lo cierto es que no puedo hoy garantizar nada. Porque no hay modo de probarlo. Porque sin su mano sobre mi cabeza es imposible saber si mi respuesta sería una simple negativa con una sonrisa o una frente desconcertada entre sus pies.
Lo siento, olvidé tu cumpleaños... vuestro cumpleaños. El de las dos personas que me conocieron más que yo a mí misma, al menos, en algunas cosas.
No puedo garantizar que no exista una nueva asociación de ideas que lleve mi recuerdo a agosto de 2009. No puedo garantizar que mañana, pasado o dentro de x tiempo venga un olor, una imagen, un sonido a mis sentidos que me liguen irremediablemente a una de esas tres personas. No puedo creerme por más que me lo repita que x, y, o z no me importen.
Miro al horizonte y deseo fijarme en el futuro. Quiero que todo sea diferente. Por eso hoy me corté el pelo. "Ya no soy tu sumisa; ya no soy tu hermana" _quería decir_. Sé que un día dejará de importarme. Sé que un día realmente me dará igual. Pero hoy sólo ha sido el gesto.
Si no encontré el camino del corazón al gesto. Tal vez un día el gesto encuentre el camino del corazón. No lo sé. Lo único que sé con absoluta certeza porque lo he probado experimentalmente es que hoy no me puedo hacer una coleta.

miércoles, 21 de abril de 2010

Sombras del pasado

Han pasado ya doce años, trece tal vez y algunas sombras siguen ahí y se niegan a marcharse. Hace unos meses fue Txiria quien despertó al fantasma cuando me pidió que le contara... después pasaron las horas y no podía dormir; después di un paso en falso, se me cayeron todos los precipicios encima y algo se rompió. Pero eso es otro cantar. Hoy el fantasma estaba frente a mí. Doce o trece años más viejo. El tiempo ha hecho estragos en su rostro y en su cuerpo, hasta el punto de que al principio no le reconocí y dudé. Su voz era inconfundible. Su mirada también. El funcionario que me atendió hoy en xxxxxx era él. Multitud de tics que antes no tenía colaboraban a ese aspecto tan lamentable que ha esculpido con el paso de los años. Sus manos estaban sembradas de anillos de oro y no pude evitar imaginar el impacto de una bofetada sobre mi rostro, a pesar de que esas manos, de dedos cortos y rechonchos, no parecían amenazadoras.
Ambos actuamos como si no nos reconociéramos. No sé si me ha reconocido. No sé si sabe que le he reconocido yo. Me costó mantener la compostura y aquellos minutos se hicieron eternos. Me costó concentrarme en lo que me estaba diciendo. Él hacía bien su trabajo y se empeñaba en facilitarme las cosas y yo debí parecerle una inepta integral. Salí temblando de aquel edificio y decidí caminar por una ruta diferente, un poco más larga. Los recuerdos se agolpaban uno tras otro y decidí quedarme helada en lugar de llorar, en lugar de preocuparme, en lugar de tener miedo y en lugar de tratar de explicarme nada. Decidí quedarme helada sin poder evitar hacerme preguntas. Pero también decidí no responder a ninguna de ellas.
De aquellos días recuerdo el miedo, la impotencia y el pánico; la sensación de indefensión y de estupidez; la incertidumbre, la desconfianza, el dolor físico y el otro dolor. Recuerdo el miedo. Jaén es pequeño. Tarde o temprano tenía que ocurrir. ¿Y ahora? Algunas situaciones que he experimentado en bdsm guardan cierta semejanza con algunas que he vivido en aquella situación. Si bien en un caso era miedo a perder y en otro era miedo a seguir.
No estoy para asociar ideas. Tampoco preparada para dejarme caer de nuevo. Ayer no. Hoy menos. Dar permiso a alguien para que te sostenga es arriesgarse a que te deje caer. Dejar que alguien te cuide es permitirle que te abandone. Confiar en la palabra de alguien es saber que las palabras pueden interpretarse desde distintos puntos de vista y que la interpretación válida no es la tuya. Cuando dejas que alguien guíe tus pasos y luego te da la espalda ya no sabes hacia dónde ir. Medir todas las palabras es cerrar el corazón. Hablar sin medirlas es saber que todo lo que digas podrá ser _y será_ utilizado en tu contra. Permitir que alguien te descubra nuevas sensaciones puede resultar muy grato... hasta que te cierra la puerta mucho antes de que hayas podido vivirlas lo suficiente ¿Y alguna vez es suficiente?. Eso es lo que he aprendido con el BDSM.
No ha sido agradable ser una mujer maltratada. No ha sido agradable ser sumisa. Siempre he tenido clara la diferencia pero hoy, más que nunca, veo el parecido. A fin de cuentas, en ambos casos, confías en alguien que te hace daño y que realmente no es consciente de ello. En ambos casos el miedo a perder _el amo o la vida_ gobierna tu tiempo y tus pasos. En ambos casos las sombras se alargan en el tiempo y se hacen eternas. En ambos casos se queda una incapacitada para confiar de nuevo. En ambos casos el sueño te huye y sólo duermes cuando estás agotada. En ambos casos se mezclan amor y odio y la lógica no tiene cabida. Los buenos recuerdos te entristecen y los malos te enfurecen.
Creo que soy incapaz de entregarme. Creo que soy incapaz de amar realmente. Creo que maltratador y amo te dejan como recuerdo el mismo espejo: ése en el que te miras y te ves culpable, te ves inútil, te ves desprotegida, te sientes sola, te sientes estúpida...
Deseo aclarar que no culpo a nadie. Sólo siento, pienso, expreso y hablo de algo muy mío y muy íntimo: mis propias emociones. Y sólo yo soy responsable de ellas. No culpo a uno ni a otro de su concepción del mundo, su modo de hacer o sus delirios. No culpo a nadie. Pero ahora no sé si echarme a correr o si echar llorar.
Hoy por hoy, no concibo la entrega como una posibilidad. Todo hace demasiado daño. Estoy contemplando seriamente la opción de volver a cerrar mi infranqueable burbuja, del todo y para siempre. Pero además, no creo tener otra. Son los frutos del amor y de la entrega. Éstos son. No hay otros.

miércoles, 14 de abril de 2010

Hoy no estoy para nadie

Me gobierna la duda. Miedo y deseo jamás se llevaron de la mano. De los cobardes poco se ha escrito y de los temerarios poco más que necrológicas y prensa amarilla cuando se encuentra su cuerpo podrido en un basurero local... Pero se trata de algo más que miedo y de algo distinto a la prudencia. Releí el blog casi entero, buscando algo que no existe como un instante preciso, una palabra imperdonable, ese momento que lo cambia todo. Pero todo cambia todo el tiempo. Los amantes se me gastan enseguida. Estoy cansada de condenas al olvido, de promesas marchitadas, de esperanzas vanas y de muertes prematuras. Parece que todo sucedió hace un millón de años; parece que estoy viva desde siempre. Parece que me voy a morir mañana. Un comentario azaroso levantó una pequeña ampolla, de esas que salen junto al borde de la zapatilla y te hacen cambiar el gesto y arrugar el paso. A veces pienso que no aguantaré mucho más... no tiene que ver tanto con ser sumisa o no serlo. Eso sólo es una pequeña parte. De hecho puede que no sea ni parte. Tengo el norte perdido y el sur está lejos.
Hoy dije: "las palabras son putas que cobran caro". El silencio a veces es la mejor respuesta. Nunca tienes la certeza de que tus palabras tengan el significado exacto que pretendemos darles. Hoy busqué la anilla de la granada. La encontré. Entre montones de anillos de oro. Había que buscarla a fondo. Si buscas, encuentras y si no, te lo inventas. Odio a las malas personas que te hacen sentir mala persona porque se creen buenas personas. Odio al verdugo quejoso, aún con el hacha ensangrentada en la mano, que se duele de que le llamen "hijoputa".
Sinsentido. Pero lo que más me jode es que me importe.

Hacia la dominación

Cuando hablo contigo se me despierta la fiera que llevo dentro. Ese ama que a veces me late y que nunca acaba de marcharse... tal vez la que me convierte en una mala sumisa. ¿Switch? ¿Trastorno de personalidad múltiple? ¿Fraude?
... A veces contemplo ese camino diferente y si aún no lo he emprendido, más que por falta de deseo es por el temor de no saber hacerlo bien. Pero, a fin de cuentas, tampoco supe hacer bien eso de ser sumisa, y eso que creí haber elegido al mejor amo. ¿Me equivoqué de amo? ¿o me equivoqué de Mí?

viernes, 9 de abril de 2010

Incertidumbre

No sé si soy una sumisa reprimida, o una vainilla que desprende sumisión de cuando en cuando, como aquel que sólo suda cuando corre. Lo cierto es que lo que un día parece, al día siguiente, definitivamente no es. No hace falta que suceda o deje de suceder nada extraordinario. Una pequeña ausencia seguida de una pequeña casualidad es suficiente. Puede que esté nublado. Puede que tenga insomnio. Puede que un desconocido me despierte la suficiente curiosidad y el suficiente deseo. Puede que no esté preparada para elegir... a veces tengo la impresión de que no es mi elección y que depende más de quién elija primero, de quién se dé más prisa.



Como he mencionado otras veces, yo no tomé la elección de ser sumisa. Un día fui a conocer a un amo y horas después estaba a sus pies diciendo "sí mi Amo" y escuché de mis labios esas palabras sin haber sido consciente de que un milisegundo antes habían pasado por mi cerebro. El bucle impulso-pensamiento-acción se saltó el paso del tiempo y me costó caro, muy caro. Incertidumbre, temor, desconfianza, dudas, culpa, angustia, ansiedad, hastío, aprendizaje...
La felicidad es fugaz y nos pasamos gran parte de nuestra vida persiguiéndola.
Hoy no estoy segura de que el camino de la sumisión me aporte más felicidad que complicaciones y quebraderos de cabeza.
Hoy no estoy segura de ser sumisa, de querer serlo.
Los recuerdos me siguen haciendo daño... y otros recuerdos me siguen atrayendo. Como el mar, que tienta a adentrarse a sabiendas de que te espera la muerte. Alfonsina Storni lo sabía.

Tengo que aprender a insertar videos.
Hoy no soy sumisa, ni mujer, ni amante, ni alma en pena, ni voz que cante.
Hoy he decidido ser, sólo un poquito, lo más esencial y no hacerme más preguntas. A fin de cuentas, la vida sigue sucediendo a mis expensas. Y es que hoy me ronda la idea de que el mundo sería más hermoso sin mí.
...¿Depresión primaveral?
Estoy muy cansada de casi todo. Hoy quiero estar sola.

http://www.amorpostales.com/ALFONSINA-Y-EL-MAR.html