lunes, 25 de enero de 2010

De corazón

Siento intensamente cada instante y también siento el agotamiento que me provoca sentir tan intensamente. Siento el deseo y la carencia, el alma y la distancia, y los sueños pequeñitos que me pican en la planta de los pies cuando quiero dormirme; el deseo constante de salir corriendo, la prisa por llegar a alguna parte, el asco y el hastío del siempre lo mismo, la nostalgia de los buenos tiempos ahora tan lejanos y la alegría de saber que no lo tengo todo.
Es tarde; ando dándole vueltas a las sábanas frías, al inmenso hueco de todas las noches que se me agarra a los tobillos cuando me hago un ovillo y me sobran tres cuartos de la cama.
Sé que tengo que madrugar y sin embargo siempre me da pereza irme a dormir. Me he vuelto adicta a las dos de la mañana. Nunca las paso en pijama siquiera. Sólo ver el paquete de tabaco vacío me empuja a hacerlo para no pasar el mono. Mis cambios de humor me están volviendo loca y volviendo loco a todo el mundo.
A veces una simple reflexión sobre mis emociones me convierte en una clase de monstruo traidor que no valora la amistad... en fin, cosas mías.
Sigo pensando que desearía no haber dado ciertos pasos. Eso no significa que no valore el lado bueno de las cosas. Simplemente, que preferiría no haber pasado por otras, aunque eso significara perder "lo bueno". La experiencia nos vuelve prudentes. A saber cuántas veces perdemos una vivencia genial por culpa de la prudencia... y cuántas veces al día salvamos la vida a causa de ella.
En dos días he borrado dos direcciones de correo por orgullo. Ahora que ando sin amo se me desmide y me gobierna. Gobierna todos los actos de mi vida. Soy más intolerante, irascible e insolente. También más desconfiada, crítica y desmedida en mis excesos.
Me aburren la mayoría de las personas y la mayoría de los minutos. Sólo hay dos cosas en el mundo que son siempre bienvenidas: los libros y mi hijo... bueno, y los amigos (los buenos amigos)... y el chocolate (el suizo solo) ... y el café (de Colombia o Etiopía a ser posible)... y los primeros bostezos... y el trabajo bien hecho... y los olivos nevados... y el sol gitano... y la buena mesa... mmmm definitivamente y la luz de la cantidad de cosas que me estimulan y me hacen dichosa no, no estoy en fase depresiva. Sólo en fase jodiente.
Sé que no soy una persona horrible. Me consta que todos los seres humanos tienen pensamientos horribles. No es horrible pensar y sentir cosas horribles; nisiquiera verbalizarlas es horrible. Es, como mucho, incómodo.
Mi ex solía reprocharme que su enfado provocara mi enfado. Al final yo estaba enfadada porque él estaba enfadado y llegábamos a una situación absurda que afortunadamente siempre nos hacía reír.
Hace dos días me pasó lo mismo. Me enfadé porque alguien se enfadó. Hay que joderse.
Al respecto puntualizo que...
1. Me sigo arrepintiendo de haber tomado decisiones que me han llevado al dolor porque, hoy por hoy, en mi memoria, sigue pesando más lo malo que lo bueno. Lo cual no significa que no aprecie ni agradezca el lado bueno. Sólo que pesa menos. Soy una mujer pesimista; es mi naturaleza, qué se le va a hacer.
2. No culpo a nadie de mis emociones negativas. Las vivo, las pienso, las palabreo y a veces hasta las publico, pero son mías y sobre ellas tengo la responsabilidad de alimentarlas, ignorarlas o suprimirlas. Sólo yo soy responsable del modo en que permito que las cosas me afecten, al menos en gran medida. Y de hecho, es algo que me alivia mazo porque si mi bienestar dependiera de otros entonces sí que estaba perdida. Pero, en consecuencia, tampoco me responsabilizo de la malinterpretación o sobreinterpretación que se haga de mis palabras o mis actos, muy especialmente porque sí que he escrito cosas realmente ofensivas que podrían hacer muchísimo daño y esas están encriptadas, precisamente para no herir a nadie.
3. Aclarar y puntualizar que mi arrepentimiento implica una decisión clara respecto a lo que haría si tuviera de nuevo la ocasión de vivir más de lo mismo. El arrepentimiento significa que si pudiéramos, no decidiríamos lo que en su día decidimos, porque era una decisión equivocada o simplemente porque tuvo consecuencias nefastas (al menos, incómodas) por lo tanto nunca regresaría a sus pies. Las perritas degolladas no vuelven a ninguna parte. Están muertas.
4. ¿Dónde queda la amistad? ... por mi lado, en el mismo sitio. Sigo admirando, sigo queriendo y sigo estando ahí, con la salvedad de que dada mi condición de no-sumisa, o al menos sumisa-sin-dueño o sumisa-retirada, no me doblego. La amistad es un cara a cara. Así que no admito ciertos tonos, salidas de tono, juicios hirientes... o cualquier actitud en la que se me trate como a una sumisa, porque no lo soy. Han cambiado los términos. El fondo, el mismo. En términos de lealtad y bondad, modestia aparte, soy de lo mejorcito que conozco (lo sé, el mundo es un asco).
5. No hay traición. No hay clavadas por detrás (y si las hubiera me las pido, que ando carente). No hay desagradecimiento. No hay falsedad (de hecho, es mi exceso de sinceridad el que me acarrea problemas). No hay olvido de risas y de buenos momentos (sólo un excesivo e hiriente recuerdo de los malos _bajo mi responsabilidad_). No hay culpables (yo tampoco). Tampoco he dejado de hablar a nadie.
Por último, mi blog no admite censura externa. La censura es la que yo impongo (hacia la publicidad y hacia la ofensa, lógico) y seguirá siendo lo que es, un cúmulo de pensamientos sin orden ni concierto que publico para sentirme escuchada, para compartir algo o por pura vanidad. Y algunos borradores que no publico porque... si los seres humanos supiéramos lo que pensamos los unos de otros en todo momento dejaríamos de hablarnos para siempre y sería una lástima, porque a pesar de las barbáridades que pensamos de cuantos nos rodean, el caso es que nos queremos.
Estoy segura que de mí se han pensado y dicho auténticas barbaridades, críticas desmedidas, ideas equivocadas y hasta verdades como puños. Y hasta es posible que algunas de esas palabras hayan sido pensadas, escritas y/o pronunciadas por los mismos que en un momento dado puedan darse por aludidos/ofendidos con las mías. La diferencia estriba en que las mías están aquí y pueden leerse, interpretarse, malinterpretarse, girarse, retorcerse, sobrevalorarse y descontextualizarse. Lo dejo a elección del lector y le advierto que corre el riesgo de crearse una dolorosa e inútil realidad paralela. Y hablo por este blog y por el otro y el otro (salvo por el cuaderno de improperios, creado expresamente para despotricar y ofender, cuya mayoría de entradas se encuentra encriptada a fin de evitar que me claven un puñal _o dos_ en una esquina oscura). Advierto asímismo que sólo son palabras escritas por una aficcionada mediocre sin título nobiliario alguno, que no sabe lo que quiere y probablemente nunca lo sabrá y cuyo valor humano está en el mismísimo centro de la campana de Gauss.
Dicho esto, de corazón, con él en la mano... las emociones nos hacen humanos; los lechos de rosas eternos no existen y cuando lo hacen son un criadero de gilipollas integrales. Por tanto, es lógico y humano arrepentirse, es humano odiar, es humano reir, es humano recordar, es humano llorar, es humano echar la culpa a otro, es humano mentirse a sí mismo, es humano enfadarse, es humano escupir, es humano reprochar lo irreprochable y es irreprochable desear lo imposible.
Si pudiera regresar al día 15 de agosto, hubiera vuelto a casa después de cenar. Tendría más de lo que tengo ahora. Tendría más de lo que tenía el 14 de agosto. Me hubiera perdido algunos momentos intensos, pero no hubiera tenido que lamentar una pérdida, ni tenido que superar un duelo, ni se me hubiera creado esta inmensa costra que me impide vivir intensamente experiencias nuevas. No hubiera tenido que vivir bajo la impotencia de no transmitir lo que deseaba o de no comprender a quien quería. Por eso me arrepiento. No deseo recuperar lo que tuve. Lo único que desearía es no haberlo tenido, para no vivir el dolor de perderlo. Y en este lamento no culpo de nada a nadie y nadie ha de lamentarse sino yo, ni ofenderse por nada. Desearía no haber pasado un mal trago ¿Quién no?. Eso es todo.
Espero que haya quedado claro.
Sé que te reconocerás.

Un abrazo

miércoles, 20 de enero de 2010

Nunca mais?

¿Cuándo deja de suceder el amor? ¿Cómo sabes que realmente ha terminado? ¿Cuando, al recordarlo, no te afecta? ¿Cuando amas a otra persona? ¿Cuando te cortas el pelo y te vas de viaje?
¿Cuándo dejas realmente de pertenecer a un amo? ¿Cuando el amo pone fin a la historia? ¿Cuando dejas de vestirte como a Él le gusta? ¿Cuando dejas de hacer lo que solía pedirte? ¿Cuando haces expresamente lo que solía prohibirte? ¿Cuando deseas no pertenecerle?
He dejado de hacer lo que tenía que hacer por pertenecerle. Empecé por dejar de enviarle e-mails. Luego dejé de llamarle. Luego volví a fumar mucho (y sigo fumando muy mucho). He vuelto a calzar pantalones; he vuelto a disfrutar del sexo sin temor ni medida. Aún no he tenido los santos cojones de cortarme el pelo, ni de meter el collar en un sobre acolchado, ni de pasar un solo día sin recordarle sin hacerme preguntas.
Sigo pensando que es desmedido. Que todo es desmedido: lo que se me exigió, lo que di, lo que duró el dolor, lo que dura el recuerdo... todo se sale de madre de un modo absurdo. Quisiera estar ya anestesiada contra su recuerdo. Quisiera que mis recuerdos fueran lejanos. Querría que mis emociones fueran mucho menos intensas o desaparecieran del todo. A menudo me arrepiento de haber vivido aquello y quisiera no haberles conocido siquiera o no haber cruzado la linea, o haber mantenido la promesa que hice a Gabriel de no ser de otro antes que suya. Sé que todas estas cábalas de nada sirven ya.
En realidad y en términos generales me siento bien. En pro de mi bienestar y equilibrio centro mi tiempo y esfuerzo en el trabajo y en mi hijo. Cuando una deja de ser de alguien lo primero que nota una vez que pasa la tormenta es una ganancia de tiempo increíble. Antes me faltaba tiempo para todo. Ahora también, pero tengo más tiempo que antes y a veces los días se hacen hasta largos.
Estoy feliz. Despierto casi siempre con la sonrisa puesta; nunca me voy a la cama triste, angustiada o enfadada _la tónica habitual en las últimas semanas de la relación_. Tengo tiempo de hacer trabajos manuales (juguetes de cartulina para mi hijo); leo libros, navego, blogueo... de vez en cuando me reuno con un músico ególatra con toques de amo avainillado que se somete a mi deseo de ser sometida y me premia con conciertos magistrales con su guitarra eléctrica. En breve tenemos planeado un encuentro a tres para saciar nuestra fantasía de un trío (me gustan los tríos con dos mujeres; lo sé, soy el sueño de todo varón). Casi no pone trabas a mis fantasías; despierta mi instinto animal y mi niña interior. Por suerte vive lo bastante lejos como para tardar en aburrirme.
HE engordado ya ocho kilos y tengo un aspecto alegre, descansado y saludable. Estoy bien follada. He ganado. He ganado y sin embargo no hay un sólo día en que no me venga su mirada a la memoria; el collar sigue guardado en el cajón y el hada de plata sobre la mesita de noche y ... no me he cortado la melena. Son estos tres gestos los que me revelan que aún tengo dueño, que el sentimiento de pertenencia aún no ha terminado.
No quiero ser su sumisa. No quiero ser sumisa. Soy libre. Pero no me siento libre. Aún no.
He decidido dejar de ser sumisa. He decidido obviar, renunciar, asesinar a la puta sumisa que llevo dentro, acabar con ella para siempre, matarla de hambre. Para eso me dedico a alimentar otras facetas que tenía olvidadas, semiabandonadas o a las que prestaba menos atención. Puedo hacerlo. Si decidí no enamorarme más hace seis años y lo he conseguido también puedo decidir no someterme nunca más.
No puedo recuperar a Damadescalza. Otra persona ha registrado ese nick pero ya no entro en canales BDSM con nick de sumisa porque, aunque no soy ama, no soy sumisa.
Si quieres ser jefe vístete como un jefe, compórtate como un jefe, habla como un jefe, piensa como un jefe y algún día serás jefe. Si quieres ser no-sumisa, deja de actuar como tal. Para dejar de ser, dejar de hacer.
Así que he dejado de rasurarme, me visto comporto y actúo contrariamente a como lo hacía siendo la perrita de Txiria y un día me sorprenderé en la peluquería para volver a llevar mi look de francesita con melena corta y rapadito por detrás y sabré que ya no pertenezco a nadie.
No quiero ser la sumisa de Txiria. No quiero ser la sumisa de nadie.
Soy poderosa. Soy libre. Soy indomable. Soy rebelde. Soy lo que quiero. Follo cuando quiero. Fumo cuanto quiero. Me visto como deseo. Nunca más de rodillas.

martes, 19 de enero de 2010

La nuez verde

Me viene a la memoria una fábula de Samaniego sobre una mona que prueba una nuez verde y como le supo mal decidió quedarse sin comer. Y me viene a lamemoria porque mi primera y única experiencia como sumisa real me ha dejado un sabor de boca tan amargo que podría decirse que se me han ido las ganas.
Es cierto que viví experiencias positivas, intensas, gratificantes pero... haciendo un balance objetivo, pasado ya más de un mes (que parece un puto año), lo que siento es que no compensa. Para comenzar, la fase de crisis fue más larga que la fase de bienestar y he llorado mucho más de lo que he reído; todos mis esfuerzos por salvar o recuperar la relación fueron vanos o errados generando en mí una sensación constante de frustración, tristeza, estupidez, desasosiego, angustia, incertidumbre, agotamiento, desconcierto, indefensión, culpabilidad, ira e incluso odio (dale).
Hay quien me ha dicho "quédate con lo bueno" (paradójicamente, si dijera exactamente lo mismo a alguna de las personas que me lo han dicho a mí, sonaría demasiado cínico). Y es que una cosa es ser positivo y otra es ser ciego o gilipollas. Y es que no puedo obviar lo menos bueno porque pesa tanto, es tan amargo y tan obvio que mi autoestima se quedó a ras del suelo y huyéndome como las cucarachas.
He recuperado mi consabida confianza en el resto del mundo habiendo confirmado una vez más que cuando confías en alguien le estás dando poder para hacerte daño, incluso cuando ese alguien no tiene la intención de herirte.
No estoy culpando a las personas, pero sí que estoy un pelín cabreada con los hechos: con el reproche constante, la exigencia desmedida, los juicios precipitados e hirientes, las "buenas intenciones", las promesas incumplidas, las esperanzas rotas, el esfuerzo vano, la insegura ambigüedad de las expectativas y situaciones, la comunicación estancada, el tiempo perdido, el sueño robado, la sensación de soledad, las preguntas siempre abiertas, las respuestas escondidas, las ocultaciones de la verdad, la amenaza de la pérdida, el temblor, el miedo, los dedos heridos, la mirada rota, la falsedad de los otros y el aleteo de buitres.
Por lo tanto es posible que con mi renuncia a la sumisión esté renunciando a una parte de mí misma; esté negando una necesidad vital para mi equilibrio o me priva de un intenso goce pero es que la puñetera nuez ha sido tan amarga...