¿Cuándo deja de suceder el amor? ¿Cómo sabes que realmente ha terminado? ¿Cuando, al recordarlo, no te afecta? ¿Cuando amas a otra persona? ¿Cuando te cortas el pelo y te vas de viaje?
¿Cuándo dejas realmente de pertenecer a un amo? ¿Cuando el amo pone fin a la historia? ¿Cuando dejas de vestirte como a Él le gusta? ¿Cuando dejas de hacer lo que solía pedirte? ¿Cuando haces expresamente lo que solía prohibirte? ¿Cuando deseas no pertenecerle?
He dejado de hacer lo que tenía que hacer por pertenecerle. Empecé por dejar de enviarle e-mails. Luego dejé de llamarle. Luego volví a fumar mucho (y sigo fumando muy mucho). He vuelto a calzar pantalones; he vuelto a disfrutar del sexo sin temor ni medida. Aún no he tenido los santos cojones de cortarme el pelo, ni de meter el collar en un sobre acolchado, ni de pasar un solo día sin recordarle sin hacerme preguntas.
Sigo pensando que es desmedido. Que todo es desmedido: lo que se me exigió, lo que di, lo que duró el dolor, lo que dura el recuerdo... todo se sale de madre de un modo absurdo. Quisiera estar ya anestesiada contra su recuerdo. Quisiera que mis recuerdos fueran lejanos. Querría que mis emociones fueran mucho menos intensas o desaparecieran del todo. A menudo me arrepiento de haber vivido aquello y quisiera no haberles conocido siquiera o no haber cruzado la linea, o haber mantenido la promesa que hice a Gabriel de no ser de otro antes que suya. Sé que todas estas cábalas de nada sirven ya.
En realidad y en términos generales me siento bien. En pro de mi bienestar y equilibrio centro mi tiempo y esfuerzo en el trabajo y en mi hijo. Cuando una deja de ser de alguien lo primero que nota una vez que pasa la tormenta es una ganancia de tiempo increíble. Antes me faltaba tiempo para todo. Ahora también, pero tengo más tiempo que antes y a veces los días se hacen hasta largos.
Estoy feliz. Despierto casi siempre con la sonrisa puesta; nunca me voy a la cama triste, angustiada o enfadada _la tónica habitual en las últimas semanas de la relación_. Tengo tiempo de hacer trabajos manuales (juguetes de cartulina para mi hijo); leo libros, navego, blogueo... de vez en cuando me reuno con un músico ególatra con toques de amo avainillado que se somete a mi deseo de ser sometida y me premia con conciertos magistrales con su guitarra eléctrica. En breve tenemos planeado un encuentro a tres para saciar nuestra fantasía de un trío (me gustan los tríos con dos mujeres; lo sé, soy el sueño de todo varón). Casi no pone trabas a mis fantasías; despierta mi instinto animal y mi niña interior. Por suerte vive lo bastante lejos como para tardar en aburrirme.
HE engordado ya ocho kilos y tengo un aspecto alegre, descansado y saludable. Estoy bien follada. He ganado. He ganado y sin embargo no hay un sólo día en que no me venga su mirada a la memoria; el collar sigue guardado en el cajón y el hada de plata sobre la mesita de noche y ... no me he cortado la melena. Son estos tres gestos los que me revelan que aún tengo dueño, que el sentimiento de pertenencia aún no ha terminado.
No quiero ser su sumisa. No quiero ser sumisa. Soy libre. Pero no me siento libre. Aún no.
He decidido dejar de ser sumisa. He decidido obviar, renunciar, asesinar a la puta sumisa que llevo dentro, acabar con ella para siempre, matarla de hambre. Para eso me dedico a alimentar otras facetas que tenía olvidadas, semiabandonadas o a las que prestaba menos atención. Puedo hacerlo. Si decidí no enamorarme más hace seis años y lo he conseguido también puedo decidir no someterme nunca más.
No puedo recuperar a Damadescalza. Otra persona ha registrado ese nick pero ya no entro en canales BDSM con nick de sumisa porque, aunque no soy ama, no soy sumisa.
Si quieres ser jefe vístete como un jefe, compórtate como un jefe, habla como un jefe, piensa como un jefe y algún día serás jefe. Si quieres ser no-sumisa, deja de actuar como tal. Para dejar de ser, dejar de hacer.
Así que he dejado de rasurarme, me visto comporto y actúo contrariamente a como lo hacía siendo la perrita de Txiria y un día me sorprenderé en la peluquería para volver a llevar mi look de francesita con melena corta y rapadito por detrás y sabré que ya no pertenezco a nadie.
No quiero ser la sumisa de Txiria. No quiero ser la sumisa de nadie.
Soy poderosa. Soy libre. Soy indomable. Soy rebelde. Soy lo que quiero. Follo cuando quiero. Fumo cuanto quiero. Me visto como deseo. Nunca más de rodillas.
miércoles, 20 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario