martes, 27 de julio de 2010

tzade. Fin de la búsqueda. Principio del camino.

Hace más de un año y, sin embargo, aún recuerdo aquellas sensaciones intensas, únicas, irrepetibles. Gateaba desconcertada, con un pequeño cubo en la boca, limpiando de rodillas. Obedecía órdenes que el otro no tenía modo de ver por sí mismo, sólo la fe en mi palabra.
Recuerdo la espera eterna: "Quédate ahí hasta que vuelva"... y yo me quedaba hasta que la espera sobrepasaba las cinco horas y no había regreso. Las esperas eternas eran cada vez más frecuentes y en ella sconocí a otros amos. Luego llegó un amo diferente, con una conceptción distinta de las cosas que me incitó a abandonar a aquel ciberamo que había despertado mi curiosidad y descubrió de mí una faceta más honda: algo que iba mucho más allá del morbo y entendí que mi verdadero yo emergía a la superficie con una fuerza inusitada, un volcán desbordado que, tras ser despertado, mi amo no pudo o no quiso controlar. Si bien aquello me desmarcó, me desbordó y me hirió también es cierto que crecí porque se había descubierto una parte de mí misma que no desconocía, contra la que no luchaba pero trataba de ignorar. Y ya no había marcha atrás. Y se inició una búsqueda que no acabó con el nacimiento de andromeda{}.
andromeda{} surgió ilusionada, con los ojos bien abiertos, buscando calmar su sed y buscando... ser rescatada del monstruo que estaba a punto de devorarla. Las prisas no son buenas, ya lo decía mi abuela.
Traslado lo que escribí en mis cuadernos un par de días antes del abandono de Perseo (*):
"Ignoro si mi amo es lo que necesito o es un tránsito, parte de ese camino hacia la entrega que aún no es plena ni creo que llegue a serlo con él pero forma parte de un aprendizaje.
Nada es para siempre de todos modos. TAmbién sabía que mi anterior relación tenía fecha de caducidad. Lo que ignoraba era que todo sucedería tan deprisa, que todo sería tan intenso, que me haría tanto bien y tanto daño y que acabaría imponiéndose una distancia insalvable que nos alejaría del todo y para siempre.
Necesito sorprenderme. Necesito saberlo todo. Conozco cual será (literalmente) la respuesta verbal de mi amo. Sé cual será el fruto de mis acciones. Sólo me excita cuando me sorprende. No me gusta insinuar a un amo cómo creo que debe actuar ni recordarle lo que debe hacer. Soy su sumisa, no su secretaria. Cuando la sorpresa consiste en una respuesta típica de un amo en pañales entonces el factor sorpresa no me excita: me desconcierta pero no me excita...
... Cada vez más me doy cuenta de la necesidad de pertenecer a alguien que pueda someterme físicamente con mayor frecuencia; pero además mi necesidad de ternura, complicidad e implicación emocional está cada vez más acentuada y me doy cuenta de que necesito una pareja tanto o más que un ao y que necesito compatibilizar ambos aspectos a ser posible en una misma persona.
Tengo 38 años y un hijo de 3, una economía precaria y una cama grande, demasiado ancha. Crece mi necesidad de pertencer a un amo junto a la de abrazar en las noches algo más emocional que una almohada de los chinos. Soy consciente de que es difícil pero sé que no es imposible...
... por lo pronto recibo grandes dosis de deseo y ternura y pequeñas dosis de dominio que me despiertan los demonios porque son como gotas de agua en los labios del sediento y sé que no serán suficientes. Lo que ignoro es si este amo mío me calmará la sed o sólo la avivará y dejará mi boca abierta, ávida y preparada para la llegada del agua que me dé la vida".
Días después de escribir estas palabras me dejé caer en una dinámica de poner a prueba a mi amo (no pasaba ni una) desobedeciendo descaradamente sus órdenes hasta que le planté mis dudas en la cara y, como no le gustan las dudas, se enfadó muchísimo, me dejó por e-mail y ha decidido interpretar que le reproché su ternura cuando de haber tal reproche era sobre su falta de firmeza. Dejé a salvo su orgullo permitiéndole pensar de sí mismo que hay actitudes que son intolerables y por eso me abandonó. Para mí fue un alivio: no hubo lágrimas, ni ira, ni malestar siquiera. Me dio igual. Me daba pena porque tenía una voz increíble, una de esas voces de locutor de radio que te vuelven loca. Me seducía pero no me dominaba y mi obediencia era movida más por mi necesidad de obedecer que por sentir ese dominio auténtico. Todo era una mascarada. El teatro es divertido pero después de dos horas a la gente se le calienta el culo. Me costaba creerle. No entendía por qué el collar vacío de un amo que no desea que diga a quién pertenezco.
La obediencia es una condición a medias entre la predisposición de la sumisa y el saber hacer del amo. Ha de producirse ese matiz que diferencia a las personas que obedeces de las que no.
No hubo tiempo para el luto. Después de mis nueve meses de secano he pasado de mano en mano como la falsa moneda, igual que allá por agosto del pasado año pasé también de unas manos a otras.
No ha sido necesario que le pida que me observe: lo ha hecho directamente. Me conoce. Está en mi mente. No he tenido que pedirle que haga algo para que le recuerde cuando él no esté presente. No es necesario. No tengo que sugerirle cómo deseo o necesito que me trate: él lo sabe y luego... luego hace lo que le da la gana, que para eso soy suya y resulta que su modo de tratarme me completa. No me recrimina ser como soy: lo cambia de un modo natural y fluido, sin necesidad del insulto, el reproche o el azote. Ante el desacuerdo mi amo apela en primera instancia al sentido común sin detenerse en él mucho porque, a fin de cuentas, para eso está su voluntad... una voluntad que siempre me parece cargada de lógica.
A fin de cuentas hace más de un año que me conoce. Me tiene el pulso tomado, me tiene tomados hasta los poros de la piel.
Y aquí estoy, levantada desde las seis y media y trabajando desde las 7:00, haciendo lo que tengo que hacer porque tengo que hacerlo, no por contentar a mi amo pero sí bajo su ala y con su apoyo. Estoy agotada a tantos niveles que mi voluntad no encuentra el camino. Pero mis niveles de energía empiezan a remontar como no lo han hecho en mucho tiempo.
Ya no tengo que buscar nada. Lo que necesito ya está a mi lado. Ahora sólo tengo... mucho que aprender.
* Cómo eran los griegos, qué cosas tenían: la mamá de Andrómeda iba por ahí contando que ella y su hija eran más hermosas que las náyades del mar; entonces las náyades se indignaron mazo y los dioses decidieron castigar no sé si al pueblo entero y para calmar a los dioses los papás de Andrómeda pensaron que sería una buena idea atar a la niña a un pedruscón de un acantilado para que se la merendara un cacho monstruo marino, razón por la cual se la representa siempre en las pinacotecas de la guisa que la vemos ahí abajo (hermoso, ¿A que sí?). Perseo que pasaba por allí y vio a la pobre Andrómeda en cueros vivos pasando frío y pasando miedo se quedó colgaíco de ella y les dijo a los padres:
- No pasa na. Yo mato al monstruo y no os cobro ni un dracma pero, eso sí, me tenéis que dejar que me case con vuestra hija"
- Vale tio _dijeron los padres_
Perseo mató al monstruo, rescató a su churri y cuando dijo de casarse con ella los padres dijeron que naranjas de la china, que habían pensado casarla con un dentista.
Entonces Andrómeda se dio cuenta de que sus padres buena gente, lo que se decía buena gente, no eran: no cumplían sus promesas, la sacrificaban a un monstruo... y decidió que no quería cuentas con ellos y se escapó de su casa y se fue con Perseo que, aparte de haberle salvado la vida, era un rato guapo y además tenía una verga impresionante (que antes los griegos llevaban una túnica cortita que con un golpe de viento dejaba sus encantos al aire). Se casaron, tuvieron hijos y fueron felices para siempre jamás.
Más o menos la historia es así. El que quiera saber exactamente qué sucedio no tiene más que se pase por el Olimpo y se tome con Zeus un tubo de ambrosía o que acuda al santo Google, me da igual.
El caso es que cuento todo esto para explicar por qué llamo Perseo a ese amo que nunca me dejó revelar su nombre cuando me preguntaban por el vacío de mi collar. No sea que exista un Perseo registrado en irc y perjudiquemos al animalico.
Txiria me dijo "cuando llegue tu amo lo sabrás" y llevaba más razón que un sabio y que los viejos refranes.
¿Por qué esta vez no llevo collar? En principio mi amo no lo considera necesario y yo tampoco. Él no siente la necesidad de marcar territorio, confía en mí y el collar está fijado a fuego en mi corazón y estoy atada en corto, no porque exista una prohibición expresa de hablar y conocer a otros amos (que no la hay) sino porque mi amo sabe que soy suya y eso le basta y él me dice, cargado de certeza, que si conozco a otro amo y quiero irme con él, que me vaya con él y punto. Una sumisa, con collar virtual o sin él, es libre siempre, en todo momento y nada impedirá que se marche si desea hacerlo. Y en este punto ando, ligada más que nunca a un amo por la propia voluntad de estar a su lado, un amo que mantiene la firmeza sin olvidar en ningún momento la ternura.

jueves, 1 de julio de 2010

andromeda{}


Una constelación, un personaje mitológico, una sumisa encadenada pendiente de las estrellas viviendo una historia única. Gracias mi amo.