martes, 19 de enero de 2010

La nuez verde

Me viene a la memoria una fábula de Samaniego sobre una mona que prueba una nuez verde y como le supo mal decidió quedarse sin comer. Y me viene a lamemoria porque mi primera y única experiencia como sumisa real me ha dejado un sabor de boca tan amargo que podría decirse que se me han ido las ganas.
Es cierto que viví experiencias positivas, intensas, gratificantes pero... haciendo un balance objetivo, pasado ya más de un mes (que parece un puto año), lo que siento es que no compensa. Para comenzar, la fase de crisis fue más larga que la fase de bienestar y he llorado mucho más de lo que he reído; todos mis esfuerzos por salvar o recuperar la relación fueron vanos o errados generando en mí una sensación constante de frustración, tristeza, estupidez, desasosiego, angustia, incertidumbre, agotamiento, desconcierto, indefensión, culpabilidad, ira e incluso odio (dale).
Hay quien me ha dicho "quédate con lo bueno" (paradójicamente, si dijera exactamente lo mismo a alguna de las personas que me lo han dicho a mí, sonaría demasiado cínico). Y es que una cosa es ser positivo y otra es ser ciego o gilipollas. Y es que no puedo obviar lo menos bueno porque pesa tanto, es tan amargo y tan obvio que mi autoestima se quedó a ras del suelo y huyéndome como las cucarachas.
He recuperado mi consabida confianza en el resto del mundo habiendo confirmado una vez más que cuando confías en alguien le estás dando poder para hacerte daño, incluso cuando ese alguien no tiene la intención de herirte.
No estoy culpando a las personas, pero sí que estoy un pelín cabreada con los hechos: con el reproche constante, la exigencia desmedida, los juicios precipitados e hirientes, las "buenas intenciones", las promesas incumplidas, las esperanzas rotas, el esfuerzo vano, la insegura ambigüedad de las expectativas y situaciones, la comunicación estancada, el tiempo perdido, el sueño robado, la sensación de soledad, las preguntas siempre abiertas, las respuestas escondidas, las ocultaciones de la verdad, la amenaza de la pérdida, el temblor, el miedo, los dedos heridos, la mirada rota, la falsedad de los otros y el aleteo de buitres.
Por lo tanto es posible que con mi renuncia a la sumisión esté renunciando a una parte de mí misma; esté negando una necesidad vital para mi equilibrio o me priva de un intenso goce pero es que la puñetera nuez ha sido tan amarga...

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