Estoy bien; tranquila, en paz (a pesar de estrés) y feliz, muy feliz. Cuando empezó el proceso de duelo sabía que tarde o temprano pasaría. Que la angustia, la incertidumbre, la tristeza, el dolor del abandono y todas las sensaciones y pensamientos negativos quedarían a un lado para irse alejando lentamente, lejos, muy lejos, cada vez más lejos. Yo sabía que un día me sentiría bien y eso me ayudaba a seguir adelante. El proceso de duelo ha sido más intenso y largo de lo que esperaba. Pagué la novatada de mis incursiones en el mundo bdsm, pero he aprendido, mucho. A menudo imaginamos que regresamos atrás en el tiempo sabiendo lo que sabemos ahora y evitamos situaciones que nos hicieron daño, pero aparte de que no son más que elucubraciones y comederos de olla sin fruto alguno, lo cierto es que nunca sabremos "qué hubiera pasado si...". Tal vez no habríamos padecido esa herida, pero sí otra. La experiencia nos enriquece, siempre. Las vivencias nos forman, nos hacen madurar como personas y, una vez atrás, cuando ya no nos hacen ningún daño, colaboran a que nuestras emociones positivas sean aún más plenas.
¿Alguna vez habéis topado con alguien que nunca ha sufrido realmente? ¿Alguna vez habéis conocido a alguien que no conozca el desengaño, la frustración, el sufrimiento, el abandono, la tristeza...? De ser así, habréis topado con una persona sin vida, sin defensas ante el menor revés.
Incido mucho en el tema del duelo porque creo que es importante que cualquier persona que haya pasado o esté pasando por lo mismo que pasé yo tenga presente en todo momento que, aunque parezca mentira, pasará. Los rostros se diluyen en nuestra memoria y aún recordaremos la voz durante mucho tiempo, porque la voz es lo último que se olvida. Y, como sucede con los malos partos, un día la madre olvida el dolor y desea tener otro hijo. Recuerda que le dolió pero pasado un tiempo parece que no fue para tanto. El peligro entonces es volvernos incautos y confiados. Volver a caer.
¿Por qué conociendo las consecuencias y teniendo presente que tarde o temprano todo se acaba volvemos a engancharnos? Cuando nos ilusionamos de nuevo creemos que somos invulnerables y no recordamos las noches sin dormir a lágrima viva, los días sin comer, la impotencia, la desazón, la angustia... ¿Por qué volvemos a caer?
La respuesta es simple. Volvemos a caer porque las personas necesitamos confiar en alguien. Las sumisas volvemos a tener amo porque necesitamos esa sensación de protección, de dominio, de dejarnos caer en brazos de otro y, sobre todo, volvemos a caer porque, mientras dura, nos sentimos de puta madre.
Y cuando vuelva a pasar lo más importante es tener presente que sabemos que un día volveremos a sentirnos bien.
Algunas situaciones vitales se repiten vez tras vez hasta que aprendemos de ellas.
Estoy lista para cerrar los ojos.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario