miércoles, 15 de diciembre de 2010

Duelo y dolor

Si algo he aprendido de mis experiencias de duelo, sobre todo lo que estoy aprendiendo de esta última, es que duelo y dolor no han de ir necesariamente unidos de la mano. El proceso de duelo no es más que una dinámica de separación de algo con lo que antes contabas y ya no que no tiene por qué ser más costosa y dolorosa que el proceso de unirse a algo y contar con ello _un proceso que sin darnos cuenta también implica renuncias y nuevos delos_. Cuando aprendemos a pertenecer a un amo, entramos voluntariamente en un proceso de adaptación y de cambio hacia algo, en pos de algo. Cuando nos separamos de algo el proceso es un poco más difícil porque no existe un objetivo que perseguir, no fijamos nuestra mirada en un tótem al que dirigirnos, sino que nuestro objetivo se basa en algo que no queremos o que ya no existe. Las direcciones son múltiples e inciertas y cada vez que miramos atrás para saber si nos hemos alejado lo suficiente nos ligamos de nuevo a ello. Es necesario inventar un nuevo vínculo, establecer un nuevo objetivo, una linea de meta distinta a la que dejamos atrás.
A menudo olvido los beneficios terapéuticos que tiene el hecho de ser esclava de una misma por un día, adorarse a sí misma por un día, no para satisfacer a otro sino por el gusto de valorarte como algo valioso y único, algo que merece atención y tiempo. Si no lo haces tú misma ¿Qué esperas que haga otro?.
Después de dos días de come come pun pun he decidido dedicar a mi cuerpo serrano tres horas, tres horas nada menos: un peeling corporal, una limpieza de cutis, manicura, tratamiento de cuero cabelludo, corte de pelo y peinado. Esa dedicación ha puesto en marcha una espiral de sucesos que han ido haciendo que me sintiera cada vez mejor. Una no puede tener una piel tan tersa y no estar depilada... me he depilado. Qué desperdicio de peinado sin un conjunto bonito... me he vestido bien, me he maquillado. Acto seguido he sentido la necesidad de hacer un regalo y le he comprado algo a mi madre con una bonita dedicatoria. Y luego he dado un paseo porque yo lo valgo, porque me sentía bien. Había escogido hasta con más cuidado la ropa interior...
Quienes me conocen saben que tiendo al descuido y al desaliño, fruto del olvido que suelo ejercer sobre mi persona. Rara vez recuerdo que soy la persona más importante de mi vida. Y hoy el duelo lo llevo de otro modo, muy distinto al de ayer. Hoy no me importaría mucho que la sumisa que aún sigue con mi amo me cuente sin venir a cuento lo felices y dichosos que son juntos y lo bien que están (no creo que lo haga más porque he amenazado con volver) :)
Ayer me costó mantener la fuerza suficiente como para mantenerme en pie y firme. Tomar la decisión de dejar un amo al que adoras no es sencilla. Hoy todo pinta de otra manera. Tres horas cambian un mundo. Un minuto cambia el mundo.
Realmente hoy no me duele la felicidad del otro aunque al tiempo me alegre. Hoy no estoy dividida. Hoy realmente me doy cuenta de que mi felicidad poco o nada tiene que ver con la felicidad de otros. Soy una persona independiente de aquellas de las que me he desligado, con más o menos voluntariedad.
Soy una mujer muy cotizada y si quiero ser valorada en mi justa medida no me queda más remedio que reparar en mi propio valor como mujer, como amante, como sumisa, como persona porque... a fin de cuentas, no podemos exigir de otros una valoración personal que vaya más allá que la valoración que hacemos sobre nosotros mismos.
Es muy posible que mi decisión fuera equivocada. O puede que no haya una sola respuesta válida ante las cuestiones que nos hacemos. Contemplo con paz un pasado que está ahí, en ese lugar desde hace poco y me doy cuenta de que el impulso de alejarse de algo que amas siempre tiene un sentido y que ese impulso no puede llevarte sino hacia adelante.

1 comentario:

  1. hola bonita, a ver si con esto te animo a seguir escribiendo!! tienes un sellito de calidad en mi blog (post 29/01). Un beso

    ResponderEliminar