Suelo decir a mis amantes menos creativos que el cerebro es el órgano sexual más poderoso que existe, invitándoles a usar la imaginacion y a vivir la sexualidad de un modo más complejo, menos monótono y más placentero para los sentidos.
Y al igual que la sexualidad humana reducida al acto de meter, sacudir y guardar resulta ser un acto simple, monótono y hasta displacentero, el BDSM reducido a azotar-chupar y tragar está reservado a mentalidades muchísimo más simples que la mía _aparte del hecho de que eso no es BDSM_.
Cada amante es diferente y cada amante es capaz de aportar algo nuevo, algo que le haga especial y diferente del resto, algo que provoque que deseemos repetir. Y con los amos sucede algo parecido. Una planta sus conocimientos anteriores, sus concepciones previas sobre la mesa y se da cuenta de que aquello era BDSM, lo otro era BDSM y esto que está viviendo ahora también lo es _no mejor, ni peor: diferente_ y se da cuenta de que cada evento sucedió en su momentoy la ayudó siempre a crecer, a aprender y a sentir.
Me aburren los amos previsibles y lo desconocido me abruma y me desconcierta, pero también despierta mi curiosidad. Algo no es peor por el simple hecho de ser diferente a tu concepción de las cosas _que de paso, es posible que sea equivocada_. Que un amo no baile al son de tu tango no significa que no baile bien. Sólo tienes que sintonizar con su música. Entonces todo es más sencillo, y todo, hasta lo más chocante, cobra sentido y sentir en una sinfonía perfecta porque cuando chirriaba no fallaba el instrumento, sino los oídos que lo escuchaban.
He tenido que desenterrar del fondo de mi armario mi olvidada humildad porque sólo a través de ella me ha resultado posible comenzar a comprender lo que está sucediendo y contemplar mi realidad (actual y pasada) de un modo ajeno a juicios y prejuicios (incluídos los que se montaban sobre mí misma, bordados a punzadas agudas sobre un tirante bastidor).
La comparación resulta absurda cuando se trata de comparar personas. Cada uno de nosotros lleva impresos en sus genes y vivencias una serie de acontecimientos aparentemente azarosos, fruto de una posibilidad entre millones de posibilidades fortuítas que le hace único. El primer amo te marca, cierto, pero no tiene por qué marcar tu camino, no tiene por qué determinar las bases que sustentan tus futuras relaciones BDSM, ni el prisma con el que contemplar tu vida. No verás un carajo a través del cristal del amo del pasado.
Algún día, si alguien me menciona el pasado reaccionaré con absoluta indiferencia. Aún no es así. Todavía me duelen los recuerdos, todavía me enciendo en furia, me cuajo de nostalgia, o me cubre de tristeza. Todavía me duele. Mi señor, que lo sabe, ha tenido a bien detenerse a curar las heridas que otros dejaron. Tanta ternura y atención me desconciertan. Cuando le he hecho partícipe de mis dudas, la mayor parte de mis temores se han ido disipando, leyendo atentamente sus argumentos cargados de una lógica aplastante. Y he descubierto que me resulta más sencillo recibir azotes que ternura. Que recibo antes una humillación que una alabanza. Que me siento desnuda ante el halago... es fácil saber qué hacer ante una orden.
A golpe de ternura, uno a uno, se van derribando mis muros y sé que cuando a mis ojos ya no les ciegue la luz del sol, podré descubrir un horizonte que ya promete ser mucho más extenso y hermoso de lo que me había atrevido a imaginar.
miércoles, 30 de junio de 2010
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