domingo, 22 de noviembre de 2009

El regreso del hada

Semanas atrás perdí el hada de plata que había encontrado el día que iba a encontrar a Txiria. Entonces lo percibí como un mal augurio; de hecho, las últimas semanas han sido para mí, al menos a grandes rasgos, un infierno mezclado con pequeñas gotitas de alegría, muy dosificadas.
Durante estos últimos días me he empeñado en succionar insistentemente de tres biberones para sacar una gotita de leche que siempre me sabía a poco, cuando no amarga... como si no hubiera biberones en el mundo.
Ahora mismo, en este preciso instante, me siento tranquila, calmada, aceptando que las cosas se terminan y para ello no tiene por qué ser del mejor modo, ni tiene por qué ser justo. Se acaban y te queda lo que has vivido y lo que has aprendido. Y esa experiencia y conocimiento los disfrutará otro amo; otro hallará parte del trabajo hecho y todo será más sencillo para ambos. Ahora estoy tranquila y positiva... si bien a lo largo del día ha habido para todo; hubo lugar para la rabia, para la tristeza, para la nostalgia, para la impotencia, la decepción y hasta para el odio. Así han sido los últimos tres días y los vivo a sabiendas de que con la pérdida he ganado más de lo que perdí, gano yo y gana quien me tenga a sus pies.
Cuando más de la mitad del tiempo que lleva durando una relación se vive con la impresión de que se sufre más de lo que se goza, cuando te sientes más juzgado que querido, cuando sientes abandono y amenaza de abandono constantemente a la vuelta de la esquina, cuando la desconfianza empieza a derretir las bases recién creadas como si fueran de chocolate, cuando sientes que has perdido la pista, cuando hace tiempo que no entiendes nada, cuando te preguntas cada día si merece la pena intentarlo... cuando sucede todo eso, el final es doloroso, sí, es inevitable si te importa que lo sea pero... también es un alivio.
Si bien alguna vez pareció acabarse y supliqué para intentarlo de nuevo, ahora no lo haría si tuviera la oportunidad. Estoy segura de que está bien así, a pesar del vacío... será relativamente fácil de llenar, porque ya hacía tiempo que había grietas y sentía vacío. Suena triste, pero es la verdad.
Como buena perrita abandonada soy también una superviviente. Pero el sentimiento de decepción es tan profundo que acaso echo de menos las sensaciones, pero no a las personas que las provocaron.
Miro hacia arriba y veo los alambres plagaditos de buitres buscando presa. A ratos me siento tan dolida que siento que cualquiera me vale y a ratos tan dolida que pienso que no me vale nadie... y a veces tan profundamente dolida que pienso que a nadie le sirvo para servirle.
Todo es confuso. Se mezclan los buenos y los malos recuerdos, el deseo de pensar bien y el instinto de pensar mal; el asco, el cariño, el insulto, el halago, el deseo y el miedo.
Me miro al espejo y hoy veo una mujer distinta a la de ayer. La de ayer estaba destrozada, con los ojos rojos, envejecida, con la mirada desesperada, suplicante, incoherente y perdida. La mujer de hoy me mira con dureza, con la frente alta, la vista altiva, la tensión en su rostro, la mirada gélida y el deseo dormido.
Regresando a casa y buscando las llaves en el bolso hallé el hada de plata que perdí... ahí estaba la cadena pegada a un chupachups gastado pegado a un trozo de esparadrapo... mi bolso, un desastre, reflejo de mi alma desordenada y repleta de recuerdos inservibles. Alcé la cadena frente a mí y miré al hada como si nunca la hubiera visto... parecía una burla. Durante un buen rato no supe si guardarla, si tirarla... después, en honor de lo que me hizo descubrir... me la colgué al cuello y ahí está. Al hacerlo, he sonreído.
Borrón y cuenta nueva, el muerto al hoyo y el vivo al bollo, hay muchos peces en el mar, yo gano tú pierdes... y todos esos dichos y refranes que se dicen cuando lloramos por una pérdida para paliar el dolor me vinieron a la mente. Por de pronto, hoy ya no me he permitido llorar, cada vez que se me ensancha la garganta y me brotan las lágrimas me chisteo a mí misma y me digo "ni una más, basta"... tengo suficientes tareas pendientes como para ocupar mi mente, mi tiempo y mi espíritu con pensamientos más prácticos y menos dolorosos.
Hoy estoy más cerca de lo que deseo que ayer. Hoy soy más entera, más fuerte y más firme.
Y un día el hada volverá a volar.
Me quedé con el nick de hadadescalza por él, es cierto. Me prometí no usarlo nunca más si esto se acababa, pero ahora tengo mis dudas. A fin de cuentas, no soy la única que no cumple su palabra. Las palabras se las lleva el viento, aunque hayan quedado grabadas en los logs. Una de las lecciones más decepcionantes y dolorosas que he aprendido con esta corta pero intensa experiencia, una de tantas.
Me habían advertido tantas veces de cuánto lamentaría este momento y estaba tan preparada para él que, a la hora de la verdad, resulta mucho más llevadero de lo que había imaginado y no me cabe la menor duda de que no pasará mucho tiempo hasta que llegue a pensar que no hay nada que lamentar.
Hoy estoy mucho más tranquila. Consciente de que el fracaso no me pertenece, al menos no en su totalidad y no en su mayor parte. El verdadero amo lo sabría.
Hoy se me ha endurecido el corazón. Suele suceder cuando sientes que te han hecho daño.
Ya no soy la perrita de Txira, ni volveré a serlo así que mantener este blog no tiene sentido. Si yo, que soy una negada para la informática, consigo cambiar la dirección y el título... lo mantendré para escribir sobre mis futuras experiencias, conocimientos y emociones asociados al BDSM, si no es así, lo suprimiré o, simplemente, lo abandonaré...
como se abandonan los zapatos viejos (Sabina)

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