A veces creo en las señales.
Poco antes de que el señor Txiria me quitara el collar, desapareció el hada de plata que compré para conocerle. Poco después de que me dejara, apareció y días después se abrió una puerta. Sin embargo, el collar de perra que Él me regaló había desaparecido; no conseguía encontrarlo. Llevo dos días triste. Hoy decidí matar la tristeza o al menos calmarla un poco. He puesto Sabina junto al baño, he preparado sales de baño de azahar, una vela de tres potencias, un cono de pachuli y en el dormitorio cremitas para todo... autocuidados para la nena.
Al abrir un cajón, como si no hubiera mirado ahí mil veces, el collar de perra que tanto busqué ahí, en primer plano. Me lo he puesto, he bailado por toda la casa. En albornoz, con todo preparado para cuidarme, tal vez por última vez para un amo que no me siente suya... escribo estas lineas antes de sumergirme. Ahora soy la perrita de Txiria, sí... ¿Existe mayor entrega que dar sin que el otro reciba, sin que mire siquiera?... ¿Tiene sentido?
He recibido señales erróneas... al menos contradictorias en los últimos días, al menos desconcertantes. No estoy donde quiero estar. Los pies de mi Amo no están ahí. Estoy arrodillada ante un fantasma, ante un recuerdo, esperando el azote, la palabra, el sentido... esperando a que tal vez el tiempo y el silencio lo acaben todo.
Necesito ese baño... y el pachuli, y Sabina y la espuma y las sales de azahar y el aloe vera y la crema de té verde... y el collar en mi cuello... y su dedo en mi espalda, y sus ojos azules, y sus pies en mi boca y la venda en los ojos y el susurro en su oído y el temblor en su pecho, a su esclava a su lado, a mi hermana a mi lado, y su copa en mi mano y saber que soy suya y que nada se acabe y que todo comience o que nada haya sido.
No quiero llorar.
viernes, 11 de diciembre de 2009
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